Actualización electoral

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Uno de los legados permanentes de la revolución llamada “gloriosa” de 1944 fue la consolidación del sufragio, antes sujeto a, a veces con descaro, a fraudes y manipulaciones. Como toda institución humana, está sujeta a errores e irregularidades que con el tiempo deben enmendarse, a la vez que adecuarse a los cambios sociales y culturales que son permanentes. La difusión de la televisión y otros medios electrónicos para la propaganda electoral es notable, de allí que la célebre frase de Velasco Ibarra “dadme un balcón en cada pueblo y seré presidente” quedó en la historia. Las denomina reformas en este proceso deben ser permanentes, pues las leyes funcionan cuando se adecuan coherentemente a las innovaciones sociales.
Se habla estos días de la necesidad de reformas electorales, lo que tiene la ventaja de abordar el problema sin que estén próximas ningunas elecciones en las que no faltan planteamientos partidistas con carga pasional. Hay disposiciones para regular la organización y financiamiento de las campañas; lo que importa es cuales son los mecanismos y atribuciones con que cuenta el poder electoral para que, de meras declaraciones, pasen a ser pautas de comportamiento reales. Los organismos que controlan y regulan los sufragios, cuando no hay elecciones, tienden a pasar desapercibidos, lo que debe aprovecharse para poner en práctica actualizaciones.
Así como la difusión de la televisión cambió el sistema de campañas restando importancia a la oratoria, en nuestros días el poder de las redes sociales es cada vez mayor. Se han dado casos en Estados Unidos de una supuesta intervención de Rusia en las últimas elecciones presidenciales en favor del candidato que triunfó. Lo real es que aún no se cuenta con normas jurídicas adecuadas y suficientes relacionadas con esta forma de comunicación a cuyas ventajas y efectos positivos se añaden eficiencia en fraudes y degeneración de la libertad de comunicación en libertinaje.