Pirotecnia

Claudio Malo González

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Asociamos pólvora con armas de fuego destinadas a matar a distancia en los combates y cacerías. Fue inventada en China con un propósito diferente contrapuesto a la muerte: el júbilo mediante la pirotecnia y los fuegos artificiales. Los objetos nacidos de la creatividad humana no son buenos ni malos, la bondad o maldad depende del uso que las personas hagan de ellos. En el caso de la pólvora, el ejemplo es claro y en el septenario del que gozamos los cuencanos, la pirotecnia incentiva la satisfacción y el júbilo de esta tradicional celebración.

Se trata de una artesanía efímera  que, aunque lleva tiempo y trabajo su elaboración –un castillo no se elabora de la noche a la mañana- su disfrute es de segundos o minutos, los que dura su quema, pero el deleite al contemplar es intenso  no hay que comprar entradas ni hacer reservaciones ni colas; la cercanía o distancia igual tienen placenteros momentos. Es una de las más democráticas formas de satisfacción, al margen de las condición y posibilidades económicas, todos gozan de ellas en forma gratuita, aunque no sean parte directa de la celebración.

La luz y el color son su esencia y en algunos casos el sonido. En las noches rompen la oscuridad del cielo engalanándolo con colores luminosos que elevan el espíritu. Si bien la pirotecnia se limitaba a celebraciones religiosas –como es el caso del septenario-., en los últimos años se ha “laicizado” y está presente en conmemortaciones de hechos históricos y, a veces, de fiestas particulares. La creatividad estética se gesta y expresa en artesanos que no tienen formación académica y mantienen el aprendizaje familiar. La belleza brota de espíritus simples y puros.