Septenario

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España justificó la conquista y colonización de buena parte de América para “convertir” a los habitantes de este desconocido continente a la que consideraban la que consideraban la única religión verdadera: la católica. No cabe olvidar que este evento coincidió con los enfrentamientos religiosos que tuvieron lugar en Europa con motivo de la reforma protestante. El poder de la iglesia en estas colonias fue muy alto, de allí que en los calendarios de los diversos países, un importante porcentaje de celebraciones coincidan con el del calendario litúrgico. La celebración de la eucaristía, Corpus Christi tuvo especial importancia, de allí que en varias áreas se mantengan fiestas populares vinculadas con esta creencia.

En nuestra ciudad, por una serie de circunstancias, esta celebración se prolonga por siete días. Además de los rituales litúrgicos, hay una serie de expresiones populares relacionadas con esta fiesta que se han mantenido, con las variaciones que los avances tecnológicos y cambios de costumbres conllevan. Se realizan al atardecer y la noche en el parque Calderón considerado el centro de la ciudad junto al cual se encuentren las dos catedrales. La venta de dulces que se intensifica de manera notable, se llevan a cabo a lo largo del día en espacios abiertos que se permiten con este propósito. Se trata de fiestas en las que la satisfacción es la meta ya que hay que conmemorar con júbilo este evento religioso.

En estas celebraciones han tomado fuerza expresiones de la cultura popular, como es el caso de los afamados danzantes de Pujilí que desfilan en Corpus en esa población. En el septenario lo más descollante es la profusión de fuegos artificiales que ponen de manifiesto, con enorme aceptación, la capacidad de esta rama de la artesanía y la creatividad de estos artesanos, que sobresalen en los castillos de notables dimensiones por su imponente luminosidad multicolor proveniente de la pólvora enriquecida con colorantes que con maestría manejan los maestros pirotécnicos.