Los árboles de eucalipto

Eduardo Sánchez Sánchez

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Del griego que significa “bien ocultas”, en relación a que sus diminutas semillas se encuentran protegidas dentro de un pixidio o cajita, que es la forma como se protegen frente a múltiples y adversas formas de destrucción de sus embriones por parte de insectos, hongos, aves, clima y agentes atmosféricos, etc, que en caso favorable podrán ser plántulas luego de la germinación.
Existen alrededor de 700 especies, la mayoría son nativas de Australia, y han sido distribuidas por el globo terráqueo por su rápido crecimiento, y sus múltiples usos como madera, celulosa para papel, productos químicos para farmacia y diversos usos industrial así como uso ornamental.
Estos gigantes llegaron en 1865 durante la primera presidencia de Gabriel García M y no precisamente desde Australia, sino desde Francia y por intermediación de cuatro turistas quiteños que al visitar París, encontraron a estos novedosos árboles que estaban en plena moda por su rápido crecimiento, usos tan variados desde la estructura de casas sus pisos y muebles.
Se ha satanizado en demasía la presencia de estos herculinos representantes del mundo silvícola que algún momento han causado determinados daños al precipitarse al suelo por su vejez, o desecamiento de suelos y deterioro de los mismos por su alta competitividad feromónica con especies nativas a las cuales les degrada a punto de muerte. Considero que justifica hacer un análisis respecto al verdadero valor que representa su presencia entre nosotros. La masa boscosa nativa que hoy poseemos según los expertos señalan una cantidad de 9.6 millones de hectáreas. Lastimosamente llevamos la posta en deforestación en Latinoamérica con una pérdida anual de entre 60.000 y 200.000 hectáreas, fruto de la tala ilegal, la expansión de cultivos y la presión de empresas petroleras y mineras. (O)