Cuestionable inicio

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Luego de un largo proceso, comenzó a funcionar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Ya durante las elecciones se vio que los candidatos para integrar esta institución eran casi en su totalidad “ilustres desconocidos”. Esta institución, creación del gobierno anterior, se convirtió en un instrumento sumiso del Jefe de Estado, para que los integrantes de los organismos de control sean sus fieles servidores. La razón de ser y existencia de este organismo ha sido cuestionada y un amplio sector ciudadano pone en tela de juicio su necesidad. Fue elegido en discutida elección, un sacerdote que luego logró su presidencia, lo que no es, a esta altura de los tiempos, cuestionable.

Lo que sí es cuestionable, son sus primeras declaraciones a la prensa en las que, entre otras cosas dice “Lo que sí quiero es que el pueblo tome en cuenta la actitud del movimiento CREO y nunca más voten por ellos, porque son partidos que no buscan el bienestar del pueblo, sino solo su propio interés egoísta”. Una institución de esta índole debe caracterizarse por su neutralidad política. Es normal que entre sus integrantes haya diferentes posiciones en este sentido, pero es esencial el respeto a las diferencias. Iniciar sus gestiones manifestando públicamente su aversión a un grupo político, hace dudar de su imparcialidad.

Cuestionable ha sido en el desarrollo histórico recurrir a las creencias religiosas para ganar adeptos, lo que dio lugar a la revolución liberal, que enfatizó en la separación Iglesia Estado, reconociendo las creencias religiosas como un derecho. Afirmar que “Ellos pueden tener la fuerza económica y política, yo tengo a Dios”, nos hace pensar que su visión retrocede al siglo XIX, al considerarse abanderado de la divinidad frente a un Estado laico. Los hechos nos mostrarán cómo funciona esta institución para hacer un juicio de valor objetivo, pero declaraciones como la mencionada son, por decir lo menos, desafortunadas.