Cien años de la lira (III)

Jorge Dávila Vázquez

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Rincón de Cultura

En esta revisión de la Fiesta de la Lira, importante fenómeno de la cultura de Cuenca, vale intentar un breve, aunque incompleto inventario de personajes ligados a su origen.
Dos años antes del inicio de la Fiesta de la Lira, Remigio. Crespo Total había sido coronado, con los laureles tradicionales, en un acto de homenaje a su trayectoria poética. La figura del intelectual más notorio de la época era también contradictoria. Para algunos “Tayta Remigio” era un gran lírico, para otros, no tanto. Sus trabajos como ensayista tenían admiradores y detractores. Lo que más se le criticaba era la visión negativa del mestizaje, por la que llegó a afirmar que esta raza mezclada no escribiría jamás un gran poema épico de dimensiones universales.
Nadie podía negar su estatura como gestor cultural -para usar un término contemporáneo-, que fue percibida por Luis Toro Moreno en el mejor retrato de cuantos se hayan hecho en Cuenca, y que se admira en la Sala del Consejo Universitario.
Y es a su figura de patriarca que se dedica la Primera Fiesta de la Lira, de cuyo comité organizador, así como de las diversas actividades, fue el nombre más importante y de primer rango.
Los Moreno Mora, especialmente Manuel, el investigador, el historiador de la lengua y la literatura, el antólogo, y Alfonso, el mayor poeta de su generación, pero también Luis, fueron gestores incansables de la vida cultural cuencana de entonces, y parece que fue idea de los dos primeros organizar un festejo lírico -el nombre hacía alusión a ese género literario, no a la épica ni al teatro-, sometida al criterio de Crespo Toral, aprobada y apoyada por él.
Los Cordero Dávila, Luis, Miguel y Gonzalo estuvieron ligados a la organización la Fiesta, y Gonzalo ganó el Primer premio del evento
Los Tamariz Crespo, Augusto, un poeta que murió joven, y Remigio, considerado el mayor de su época, dueño de algunas composiciones bellísimas. Manuel Moreno y otros lamentan su no participación en el certamen, pero él leyó el día de la premiación SENDA DE MANDRÁGORAS, largo poema narrativo.
Y, como el espacio no da para más, los Romero y Cordero, Rafael y Remigio constan entre los organizadores, y este ganó la Violeta de Oro, del concurso, con un extenso poema. (O)