¿Vuelve la violencia?

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Durante las semanas pasadas se produjeron dos hechos de violencia en la Universidad de Guayaquil. Hasta ahora no se conoce los resultados de las investigaciones que se anunciaron pero es de suponer que llegarán a buen fin para determinar cuáles fueron las causas y los autores de esos hechos que bien pueden calificarse como terroristas. En los dos casos, se trata de atentado contra vehículos pertenecientes a docentes y administrativos de ese centro de estudios superiores. No es entonces un caso aislado sino que todo parece indicar que son hechos concatenados con los cuales se trata de amedrentar a la comunidad universitaria.
Durante la segunda mitad del siglo pasado y particularmente a partir de los años sesenta, el activismo político creció con todas sus secuelas en algunas universidades públicas del país. Muchas de ellas se convirtieron en plazas fuertes de partidos políticos de extrema izquierda que disputaban su hegemonía como si se tratara de una verdadera revolución. La lucha entre esas fracciones identificadas como “chinos” y “cabezones” mostró el divorcio de la universidad con el país pues la dos bandos respaldaban más bien a la línea comunista soviética la una y a la china maoísta, la otra.
La Universidad de Guayaquil cayó en ese abismo de violencia que en buena parte duró hasta la llegada al rectorado de León Roldós Aguilera, que rescató al centro de estudios superiores y le devolvió la dignidad. Hay quienes sostienen con buenos argumentos que los actos de violencia de estos últimos días, son una reacción contra los intentos de poner orden por parte del Interventor de ese centro de estudios que ha desarrollado una buena labor organizando la institución. Volver al terror de los años sesenta sería lo peor que puede pasarle a esa Universidad o a cualquier otro centro de estudios superiores. La violencia y la corrupción dejaron experiencias dolorosas en las universidades. Esos males deben cortarse de raíz.