Venta de dulce de Corpus

La libra de almidón de achira, según la tienda, puede costar hasta dos dólares.

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Rocío Juca, productora de dulces durante todo el año, explica el costo que invierte, en su local de la Hermano Miguel. ACR

La preparación de 1.000 bolitas surtidas de frutas (dulces de Corpus) implican para el artesano una inversión aproximada de 25 dólares. Y cada bolita la vende al público a diez centavos.

Mayra Íñiguez elabora dulces de corpus en San Blas. ACR

Por este motivo es que tradicionales artesanos de los dulces de corpus, como Rocío Juca, de 73 años de edad, calculan las ganancias no por unidades, sino por el volumen de sus ventas en total.

Juca Urgilés, con 50 años de experiencia en este tipo de cocina, abastece a varias comerciantes que se ubican alrededor del Parque Abdón Calderón para la fiesta del Septenario (Corpus Christi) que inicia el próximo 20 de junio.

Este año no podrá subir el precio de sus dulces porque no quiere perder clientela, pues está consciente que hoy tiene fuerte competencia, no solo con las mismas vendedoras del parque, sino con una serie de locales que se han abierto.

Entre tanto, dice que por ahora no le han subido los precios de varios ingredientes, espera que así se mantengan: cubeta de huevos de 30 unidades 3,50 dólares; cuatro libras de yuca un dólar; una piña grande dos dólares, una libra de frutilla 1,50 dólares; un quintal de harina 37 dólares; un quintal de azúcar 38 dólares, etcétera.

Su producto estrella, el que más se vende, y en el que ella pone grandes expectativas, es la quesadilla, que la vende de 40 a 50 centavos cada una; para hacerla utiliza almidón de achira, un producto que considera costoso, cuesta dos dólares la libra.

Además, produce variedad de corpus como rosca de yema, pan de viento, animal blanco, arepas, suspiros, quesitos, cocada, bolas de maní y más. Doña Rocío solo trabaja con una persona contratada en su local de la calle Hermano Miguel.

En otro lado de la ciudad, en el parque San Blas, existe otro local que también abastece todo el año, es manejado por Mayra Íñiguez, de 25 años, pertenece a la cuarta generación de una familia de tradición en este tipo de gastronomía.

Tampoco ella contrata a un equipo humano grande para su elaboración diaria, solo trabaja con su esposo y una persona más.

Prepara 300 arepitas cada dos días, vende a 15 centavos cada una; igual que doña Rocío, esta joven Íñiguez también depende del gran volumen de ventas para obtener utilidad.

Para su negocio es clave el huevo y teme que ya faltando una semana para el Corpus, le eleven el precio de cada cubeta, que ahora le dan a 2,80 dólares.

Está confiada en que no le subirán la harina y el azúcar porque dice que compra directo a proveedores.
Su producto bandera, entre otros, es la quesadilla que la comercia a 50 centavos cada una; y, en adelante tiene dulces más económicos como bocadillo, enrollados, suspiros, quesitos, cocada de leche, dulce de paila, dulce de zanahoria, dulce de remolacha, monjitas, roscas, etcétera. (ACR)-(I)