Los plásticos

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En buena medida la historia de la humanidad es la de los avances tecnológicos; en principio su propósito es beneficiar y mejorar las condiciones de vida humana, pero hay casos en que estas innovaciones se las use con propósitos negativos, como ocurre con la pólvora destinada a mejorar la eficiencia para matar de las armas. Uno de los avances tecnológicos con fuerte impacto en la vida cotidiana fue la aparición y creciente difusión del plástico el siglo pasado que se ha expandido enormemente. Su falta de fragilidad ha desplazado en gran medida a objetos de cerámica y vidrio, añadiéndose el bajo costo de los productos y funcionalidad práctica como ocurre con envolventes que han puesto en lugar secundario al papel.

Es muy probable que sus inventores y difusores actuaron de buena fe en el sentido de que conocían los beneficios, pero tenían poca información de los efectos negativos en el futuro. Los objetos hechos por el ser humano tienen, casi siempre, una duración limitada y se convierten en basura que, en cantidades crecientes genera problemas ecológicos graves. En el caso del plástico, su consumo masivo multiplica la elaboración de basura, a lo que hay que añadir la explosión demográfica que se acerca a los 8000 millones de 1800 millones hace cien años. El consumidor común del plástico, no lo hace de mala fe, simplemente busca su comodidad.

El término biodegradable carecía de importancia y los ecologistas que preveían las amenazas al planeta eran considerados “profetas del desastre”. En nuestros días esta conciencia se ha generalizado y hechos reales muestran que la amenaza de desaparición de las condiciones que posibilitan la vida son serias y crecientes. El plástico o no es biodegradable o lo es es excesivamente lento. Hoy vemos cómo la descomunal cantidad de plásticos amenaza la vida en el “inmenso e inconmensurable” mar. Se habla de hacer a este material biodegradable, pero urge reducir sustancialmente su consumo en lo que debemos intervenir tanto fabricantes como consumidores.