El tatuador de historias [FOTOS Y VIDEO]

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Por Diego Montalván S.

El dibujo de unos engranajes y un pistón que Daniel Robles Sánchez se hizo en su tobillo izquierdo marcaron, hace cinco años, el punto de partida de su historia de vida de lo que hoy por hoy es: un artista del tatuaje. Aquel diseño tiene un origen y una explicación. Daniel estudió y se tituló como tecnólogo en Automotriz, lo ejerció laboralmente, pero sentía que su vocación era otra. Desde mucho antes, en su adolescencia, ya descubrió que lo suyo era el mundo del tatuaje. Le llamaba la atención las revistas y otros materiales que veía en casa de familiares y amigos. Sonríe al recordar que algunos de sus primeros trabajos tuvieron como lienzo los brazos de sus primos.

Un día, al encontrarse rodeado de motores, tuercas y neumáticos le sobrevino una especie de frustración, fue tanta esa aflicción que decidió dejar definitivamente la mecánica para “sentirse en paz” y seguir un destino, porque está convencido que cada ser humano tiene un determinado propósito ya trazado.
Así, en medio de las reprimendas familiares que nunca faltan en estos casos, Daniel, quien además usa expansores en sus dos orejas, explica que esos engranajes y pistones (diseño biomecánico) que grabó en su tobillo significaron dar el paso a un nuevo mundo.

En ese caminar se encontró con una sociedad cuencana conservadora en la que aún se relacionaba al tatuaje con el vandalismo, la delincuencia y hasta con lo satánico. Aunque no del todo, esa visión ha cambiado y lo atribuye al poder mediático de personajes de la farándula y famosos deportistas que lucen y hasta promocionan los “tattoo” que se hacen. Eso ha influenciado a las nuevas generaciones. En este punto, Daniel, quien a la fecha tiene 31 años, es franco y deja en evidencia su nivel de profesionalismo al manifestar que hace falta generar una mayor cultura y conciencia en las masas sobre lo que verdaderamente representa un tatuaje. No es solo cuestión de moda, dice, al aconsejar que quien se tatúe debe estar consciente que detrás de un dibujo o de unas letras, debe existir un motivo y una razón. Como aquel ángel que hace no mucho tatuó a una joven madre y que era en memoria del bebé que había perdido. O de los nombres de padres que algunos hijos se marcan como signo de una gratitud eterna con los dadores de vida.
Lo que se graba en la piel no se borra, agrega al mostrar un segundo tatuaje que, en el pecho, se lo hizo el tatuador guayaquileño Olver Cusme, a quien califica como su principal fuente de inspiración.

Lentamente desabotona su camisa y lo primero que sobresale es la imagen de una calavera que, según explica, representa la igualdad. “Todos somos iguales”, afirma al explicar que debajo y sobre la calavera hay dos manos las cuales simbolizan a las personas que, en su momento, lo sujetaron y lo apoyaron. A la altura de los hombros denotan dos tatuajes de polillas. Hay quienes las asocian con la muerte, pero Daniel lo ve como dejar atrás el pasado. “Al abrir un cajón viejo siempre hay polillas muertas”.
Hace un par de años y luego de una capacitación constante y de una formación autodidacta abrió su propio estudio al que ha llamado “Tattoo Robles” manteniendo su apellido porque lo relaciona con aquella frase: fuerte como un roble.
En la planta baja de una casona esquinera del Centro Histórico adecuó una sala de espera donde lo primero que llama a la vista son tres grandes y coloridos cuadros con estilos neotradicional y “Old School”, hay una máscara de un demonio japonés conocido como “Hannya” que el propio Daniel moldeó en cerámica, también tiene una figura enmarcada de un cocodrilo y obsequios de colegas suyos. En el segundo piso está el taller de tatuaje con todos sus implementos: una camilla, tintas, maquinas para tatuar, agujas, guantes, ungüentos y vendas.

En un lugar especial ha colocado sus diplomas, reconocimientos y dos recientes trofeos que le enorgullecen: el primer lugar en un encuentro internacional en la ciudad de Pasto, Colombia; y el primer lugar en una convención nacional en El Oro. En ambos casos participó en la categoría “New School” que se caracteriza por ser un estilo moderno que usa colores brillantes y degradados.
En la cita de Machala -que tuvo lugar a inicios del presente mes- diseñó, en vivo, un tigre protector de la selva con un bambú que asemeja una lanza; le tomó diez horas. El jurado valoró aspectos como: planos, perspectivas, gamas de colores, volúmenes, buena pigmentación, trazo de líneas y que la piel no esté lastimada.

Para Daniel esto ha sido el premio a sus sacrificios. Aquella expresión hace entender el tercer tatuaje que tiene en su cuerpo. Está en su brazo izquierdo y aún inconcluso. Se trata de un Daruma, una figura japonesa sin brazos ni piernas inspirada en el monje Bodhidharma, fundador del Budismo e impulsor de la doctrina del Zen. Cuenta una antigua leyenda oriental que este tatuaje está ligado con los deseos y cuando estos se cumplen se deben pintar las dos pupilas del personaje. También indica el deseo de una larga vida. En ese transitar y con las dos pupilas ya pintadas del Daruma está Daniel, el tatuador de historias, que poco a poco va cumpliendo sus sueños. (I)

DATOS
– El estudio “Tattoo Robles” está ubicado en la esquina de la calle Sangurima y Padre Aguirre, sector de María Auxiliadora. Se cuenta con catálogos de tatuajes, pero también se trabaja sobre diseños que proponga el cliente.
– Al cumplir cinco años en el arte del tatuaje Daniel Robles alista un reto que será comunicado el próximo mes en redes sociales. Quienes participen deberán localizar cinco calcomanías que se colocarán en distintas partes de la ciudad.