Desinfomación: la mentira que hoy llaman posverdad

889

Se atribuye al escritor inglés Talbot Mundy la cita que, basada en la antigua leyenda hindú de “Los Nueve Desconocidos” dice: “De todas las ciencias la más peligrosa es la del control del pensamiento de las multitudes, pues ella permite gobernar el mundo entero”.

Pretender controlar el pensamiento de la población u opinión pública ha sido objetivo de los organismos de poder desde hace siglos: así se ha justificado la conquista del gobierno, el desate de una represión o de la guerra.

Hoy, en tiempos de la comunicación globalizada y en que las redes sociales convierten a la comunicación en universal, instantánea y casi al alcance de cualquiera, el control de la información se vuelve, como nunca, en arma. Sobre últimos hechos de la política internacional, Javier Albisu, periodista de la agencia EFE escribe en un reportaje:
“La manipulación informativa es una de las cinco nuevas amenazas para las sociedades democráticas, junto con las finanzas y las inversiones maliciosas, la colusión política y los ciberataques.

También conocida como posverdad o manipulación informativa, la desinformación puede definirse como aquella información deliberadamente falsa y generalmente emotiva, creada para ser difundida como arma política con el objetivo de generar narrativas que creen discordia y fragmenten las sociedades democráticas.

La desinformación no es nueva, ni es infalible, ni tampoco es el arma definitiva. Pero al calor del vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías… se ha demostrado mucho más barata y eficaz que otras formas tradicionales de conflicto.

Busca generar ausencia de fe en las instituciones políticas y crear caos y disrupción. Evoluciona constantemente y es muy barata”, comenta la analista del centro de pensamiento The German Marsall Fund of the United States, Kristine Berzina.

La desinformación muta y se adapta a las vulnerabilidades y especificidades de cada sociedad en la que pretende influir, en un mundo en el que unos 4.000 millones de personas tienen acceso a internet y el 75 % de la población mundial utiliza teléfono móvil. En la desinformación, uno de los grandes desafíos son las aplicaciones de mensajería como WhatsApp, Telegram, Viber o Line.

A partir del análisis de casi 3,5 millones de comentarios en Twitter, Facebook, Instagram y YouTube entre noviembre de 2018 y marzo de 2019, la empresa estadounidense SafeGuard Cyber distingue entre tres tipos de “malos actores”: los bots (sistemas automáticos), los trolls (personas reales) y los híbridos (personas reales que utilizan bots y similares).

Otro factor a considerar es que: “normalmente, la desinformación se intensifica durante las elecciones, pero ni empieza ni acaba con ellas”, comenta otra fuente europea. Las campañas por medios y redes sociales se esfuerzan por influir en ellas. (F)

VINCULADA 1
Elecciones y genocidio

Un informe de la ONG estadounidense Avaaz, de activismo social, publicado justo antes de las Elecciones Generales en España muestra que 9,6 millones de votantes, el 26,1 % del censo, recibieron distintos tipos de desinformación a través de WhatsApp, que utilizan más del 89 % de los españoles con teléfono inteligente.

Los comentarios más frecuentes tenían como objetivo la izquierda (43 %), la inmigración (14 %), los colectivos LGTB y feministas y distintas formas de discurso de odio o contra la derecha (25 %).

Y no ha sido solo allí. En Brasil, la campaña del entonces candidato Bolsonaro “han usado cuentas falsas para inundar las redes sociales con mentiras tóxicas diseñadas para confundir a votantes y sembrar desconfianza. ¡Y funcionó! Las encuestas muestran que una gran mayoría de sus votantes creyeron estas mentiras, como por ejemplo, que su contrincante era un pedófilo”, cita Avaaz.

Así mismo, en Myanmar (Birmania), un país del sur de Asia, se viralizaron mentiras odiosas sobre la minoría de la raza “rohingya”. Falsas acusaciones sobre canibalismo fueron utilizadas por el gobierno para justificar una campaña de limpieza étnica y miles de familias Rohingya fueron asesinadas, mujeres brutalmente violadas y sus casas incendiadas. Las Naciones Unidas a declarar un genocidio.

Y no olvidar que en el mismo Ecuador, en octubre del 2018, tres personas fueron linchadas y asesinadas por una turba en Posorja. Se les apresó como presuntos ladrones, pero corrió el rumor que secuestraban niños. Los sacaron del cuartel policial y los mataron. Todo era falso. (F)

VINCULADA 2
Graves riesgos y consejos

Un reporte de Avaaz señala que la desinformación “alimenta nuestros miedos y se propaga rápido; prospera en redes sociales y llega a millones; se utiliza como arma y envenena a las personas; está envenenado la democracia y nadie es inmune a ella. La “violencia justiciera” en India, Brasil, Myannar, los fenómenos de Bolsonaro o Donald Trump se mencionan como ejemplos.

Para prevenir estos conflictos Avaaz convoca a no creer fácilmente lo que se dice en Internet especialmente si lo dicen los políticos, propone seguir a medios de comunicación reales pues, aunque imperfectos, suelen verificar sus datos, propugna una campaña para limpiar las redes sociales de este tipo de mensajes que deben ser denunciados.

Avaaz sugiere, además, añade el periodista Albisu, en el plano personal, que se establezca un límite a los mensajes que se pueden enviar cada hora o que la aplicación integre un botón que le sirva al usuario para pedir que se verifique el contenido del mensaje.

“El grueso de las fuentes consultadas señalan varios caminos a seguir: coordinar esfuerzos entre distintos países, instituciones internacionales como la UE o la OTAN y el sector privado, investigar los ataques y atribuirlos públicamente aunque tenga un coste diplomático y fomentar el pensamiento crítico y la alfabetización digital.

Además, se recomienda “generar un segundo de duda antes de compartir mensajes”, con posibles noticias falsas.

Los expertos abogan también por dotarse de herramientas de verificación de hechos y datos, cada vez más frecuentes en el paisaje de los medios de comunicación.

Los coroneles del Ejército chino Qiao Liang y Wang Xiangsui, a propósito de la guerra comercial con Estados Unidos ven una “redefinición de la violencia y una forma novedosa de incorporar los elementos no-militares en el esfuerzo de lucha” con “cambios en tres elementos clásicos de la guerra: arma, campo de batalla y soldado”. (F)

CÁPSULA
La guerra

En la historia de antes y ahora hay abundantes ejemplos de cómo la manipulación informativa condujo a la guerra. En 1870, Bismark, primer ministro de Prusia, (la actual Alemania), envió un falso comunicado dando a entender que el embajador francés había sido desairado por el emperador prusiano.

El reinado de España quedó vacante, se postuló a un príncipe alemán para ocuparlo y eso preocupó a Francia, que insistentemente pidió el retiro de esa candidatura. Tras conferencias entre el embajador y el emperador, lo logró, pero Bismark, deseoso de un conflicto, incitó los medios, mandó el falso “Telegrama de Ems” dando a entender que el emperador maltrató al embajador francés. Francia declaró la guerra y la perdió; y con ella, dos provincias.

Así mismo, la guerra entre Estados Unidos y España (1898) que llevaría a la independencia de Cuba se atribuye al empresario de prensa Rudolf Randolph Hearst, quien divulgó por sus periódicos una campaña de desinformación de supuestas acciones antinorteamericanas por parte de los españoles de Cuba. Un buque estadounidense explotó estacionado en La Habana. EE.UU. declaró la guerra a España, la derrotó y obtuvo el dominio sobre Cuba y las islas Filipinas.

Más recientemente, el mundo recuerda las falsas acusaciones del presidente George W, Bush sobre las “armas de destrucción masiva que tenía Irak”, para justificar una invasión y una guerra que costó cientos de miles de muertos. (F)