Ejemplo positivo

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La política, cuya meta es el bienestar colectivo, implica que quienes han llegado a funciones públicas de importancia renuncien a intereses y ambiciones personales y dediquen su capacidad, esfuerzo y energía para cumplir a cabalidad con sus funciones y contribuir a hacer realidad el bien común. Quienes han llegado a funciones importantes, con más frecuencia de lo deseado, usan el poder para lograr beneficios individuales. El buen político sirve al pueblo, los políticos corruptos se sirven del pueblo. La excesiva frecuencia de la corrupción política ha llevado a que mucha gente identifique a los políticos con personas corruptas en las que, sin medida, se aprovechan del poder para incrementar sus condiciones económicas individuales a costa del país o la región.
La corrupción política es un mal generalizado, pero a los niveles que ha llegado en nuestros días es insólito. En el Perú algunos expresidentes han sido enjuiciados, de allí que, por lo menos en nuestro medio, hay quienes creen que es normal en el quehacer político, de allí que se piensa que son excepcionales los políticos honestos. La honestidad en este campo no se limita a no aprovecharse de los fondos públicos, sino a combatir a los que así lo hacen y a detectar en el ejercicio del poder a gente corrompida para deshacer de ellos y sancionarlos legalmente. “hacerse de la vista gorda” es una forma de corrupción.
Julio César Trujillo que nos abandonó hace algunos días es un ejemplo de honestidad. Alguna de las fichas claves del anterior gobierno criticó su nombramiento para el CPCT porque “era viejo” a lo que respondió que sí lo era, pero honrado y que ojalá ella pudiera decir lo mismo cuando llegue a su edad. Sus dotes y formación excepcional en el área del derecho, habrían posibilitado que en el ejercicio de su profesión pueda acumular honestamente una fortuna, pero él prefirió defender a grupos débiles y los derechos humanos, además de ejercer de manera ejemplar la docencia universitaria.