Agua y páramos

Nicanor Merchán Luco

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En la revista Tierra Incógnita del mes pasado la investigadora Diana Ulloa publica en los temas de fondo un artículo denominado “El agua y los páramos”. Empieza afirmando que los ecuatorianos, de forma general, pensamos que el agua que tenemos en las ciudades no desaparecerá y que las fuentes de agua siempre van a manar ríos y arroyos cristalinos en medio de las montañas y que estos nunca se van a secar, no se piensa por ejemplo que el 80 por ciento del agua que abastece a Quito viene de los páramos y las áreas protegidas; que cerca de 2 millones de capitalinos aprovechan el agua de las montañas y de los páramos.

Indica que este abastecimiento puede fallar al desaparecer los páramos por el sobrepastoreo, la deforestación y la expansión de la frontera agrícola, de esta manera los páramos se van quedando incapacitados de proveer el agua. Día a día escuchamos decir a los ciudadanos que hay que cuidar el agua, que hay que cuidar las fuentes de agua, que hay que cuidar el acceso al “oro azul”, pero sin embargo en realidad de forma terminante poco hace la sociedad ecuatoriana para cuidarlos en su integridad.

El FONAG, que es una alianza de personas e instituciones comprometidas con la naturaleza que, conjuntamente con las comunidades, protegen, cuidan y rehabilitan las cuencas hídricas, todavía no tiene la capacidad sufiente para conservar y preservar los páramos y todas las fuentes de agua. Los organismos internacionales vinculados al desarrollo y al cuidado del agua tampoco pueden conservar las fuentes de manera intacta, pues el avance de la frontera agrícola no se detiene, es incansable. Para poner un ejemplo, en el mismo Parque Nacional Cajas el pastoreo se da libremente sin ninguna restricción, igual ocurre en el resto de páramos, bosque y vegetación protectora del país. (O)