La guerra siria, con toda su crudeza, en el Festival de Cannes con “For Sama”

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GRAF2049. ALEPO (SIRIA), 16/05/2019.- Fotografía facilitada por la directora de cine siria Waad Al-Kateab, creadora del documental "For Sama" que ella protagoniza y que a través de sus ojos y evolución personal recorre el destino trágico de Alepo. Proyectado y ovacionado en las Sesiones Especiales del Festival de Cannes, el filme es una carta de amor a su hija, Sama, nacida en plena revolución, y un grito al mundo para que la primera entienda el porqué de su lucha y la comunidad internacional tenga un testimonio de lo sucedido y cuestione su inacción ante Bachar Al Asad. EFE/ Waad Al-Kateab ***SOLO USO EDITORIAL***

A Waad al-Kateab le bastan 95 minutos para sumergir al espectador en el conflicto sirio, los mismos que dura “For Sama”, documental que ella protagoniza y que a través de sus ojos y evolución personal recorre el destino trágico de Alepo.

Proyectado y ovacionado en las Sesiones Especiales del Festival de Cannes, el filme es una carta de amor a su hija, Sama, nacida en plena revolución, y un grito al mundo para que la primera entienda el porqué de su lucha y la comunidad internacional tenga un testimonio de lo sucedido y cuestione su inacción ante Bachar Al Asad.

Al-Kateab, de 26 años, era estudiante de Economía en Alepo cuando las protestas contra el mandatario sirio llegaron a su universidad en 2012 y ella decidió unirse. Su cámara narra su día a día bajo los bombardeos y su intento por crear una normalidad pese al asedio y el recrudecimiento de la guerra.

Ella y su marido, Hamza, médico de profesión y responsable de uno de los pocos hospitales que quedaron en pie en la zona rebelde, acabaron por tener que abandonar la ciudad en diciembre de 2016 para poder seguir con vida.

Este documental es la herramienta que ahora le sirve para seguir contando la realidad siria y despertar conciencias.

El montaje de todos sus vídeos lo hizo en Londres, donde su familia consiguió asilo. El director británico Edward Watts le ayudó a ordenar el material y su resultado, desgarrador, tiene la fuerza de la primera persona.

“Me da mucha pena que Siria haya acabado en esa situación y que siga pasando. Pensar que todo lo que hicimos fue para nada, que a nadie le importa la vida de esa gente. En parte me siento culpable por haberme ido”, indicó este jueves la directora en entrevista con EFE.

Al-Kateab admite que arriesgó su vida y la de su hija con decisiones como la de quedarse en Alepo para retratar la protesta y estar al frente del centro médico para atender a los heridos, pero cree que todo el mundo hubiera hecho lo mismo en su situación.

“No lamento nada. Si algo le hubiera pasado a Sama o Hamza, por supuesto, pero estoy muy orgullosa de lo que hicimos. Si pudiéramos volver atrás haría exactamente lo mismo, pero ¿cómo puedes criar un hijo con los valores en los que crees en medio de esa situación loca?”.

El codirector cree que la película ayuda a humanizar a una población a la que Occidente ha dado la espalda.

“Se ve la humanidad que todos compartimos, que la gente en Oriente Medio tiene las mismas preocupaciones y el mismo sentido del humor, y creo que necesitamos redescubrir que lo que nos une es mayor que lo que nos separa. No podemos dejar que sufran de esa manera”, dice Watts.

Ambos confían en que Cannes les sirva de escaparate: “Es importante ser consciente de que sigue pasando. Nosotros sobrevivimos, pero deberíamos hacer algo mientras otros están muriendo”, destaca Al-Kateab.

Ella, reconvertida en periodista, espera ver algún día una “Siria libre” y regresar con su marido y dos hijas, la segunda de las cuales nació ya fuera del país. Porque aunque físicamente está afincada en Londres, “es como si todavía estuviera allí”, relata.

Que su filme contribuya a cambiar la situación es su particular aportación a que el país pueda volver algún día a la calma.

“Llegar a diferentes públicos es una oportunidad fantástica”, resume el codirector, cuyos trabajos anteriores se han centrado en el grupo terrorista Estado Islámico, los crímenes de guerra en el Congo o las favelas de Río de Janeiro. EFE

mgr/ma