Homenaje a la madre

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Para la permanencia de las especies en el área biológica se requiere la procreación partiendo de la relación macho hembra. Entre los mamíferos este proceso implica una etapa en que el nuevo ser permanece un tiempo en el vientre de la hembra. Tratándose de la especie humana en la que la capacidad de razonamiento y ordenamiento de la realidad depende de su mayor desarrollo sicológico, recibe la persona el calificativo de madre considerando que, luego de dar a luz, continúa su presencia práctica y afectiva con el nuevo niño. Al nacer los seres humanos somos los más desprotegidos de los animales y su dependencia materna se prolonga por un largo lapso en el que la madre juega un papel fundamental.
Más allá de la dependencia biológica, la dedicación de la madre al nuevo niño se considera que requiere de una elevada dosis de amor. Más allá de las exigencias biológicas como la lactancia, es de trascendental importancia que, sin considerar una carga propia del sexo, se asuma este papel con un contenido afectivo muy elevado que compensa los sacrificios y se traslada al nuevo ser en su etapa inicial. El desarrollo humano implica la incorporación del niño al ordenamiento social que varía de cultura a cultura y una trascendental tarea de la madre es asumir este proceso educativo para que el proceso de socialización sea exitoso en formas de aprendizaje como hablar.
El término amor tiene varias dimensiones y una de ellas, para muchos la más importante, es el de la madre a sus hijos que continúa en el tiempo cuando las nuevas personas se han independizado de la dependencia e inclusive establecido fuera del hogar. Se trata de una relación recíproca que permanece toda la vida ya que los nuevos seres reconocen con enorme intensidad el papel jugado por la madre que no se borra a lo largo de la existencia. Partiendo de esta relación, con acierto se ha establecido en nuestra cultura un día en el que se rinde homenaje a la madre, no sólo a la personal sino al esencial papel de la mujer en este campo.