María Esther, La Panadera de San Bartolomé cumple hoy 100 años

La bartolense María Esther, cumple un centenario hoy, goza de buena salud y gran lucidez.

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La cumpleañera habla de su vida, la acompaña su sobrina Piedad Vintimilla con quien vive en la actualidad.(AZD)
María Esther, el día en que le festejaron su centenario de vida. (AZD)

Un poco mezquina y desconfiada por temor de que quien la visita sea una persona que viene a llevarla a un albergue, María Esther de la Cruz Vintimilla Granda se sienta en la sala para hablar de su vida.
Hoy 11 de mayo de 2019 cumple 100 años de edad, y aunque asegura que eso no significa nada, sí expresa su admiración: “Qué rico fierro que he sido, bien dura”.
Ella es de San Bartolomé. En esta parroquia sigseña y en varios cantones azuayos era muy reconocida como “La Panadera”, pues muy joven aún y tras la muerte de su padre asumió el rol de él y crió a sus tres hermanos; luego cuidó de su madre quien murió de 106 años.
Es la única sobreviviente de cuatro hermanos. Primero se ganaba la vida tejiendo sobreros de paja toquilla, pero luego tuvo el primer horno de leña del pueblo, trabajó duro para vendiendo pan en el lugar y recorriendo cantones, parroquias y comunidades, llevaba guaguas de pan y los dulces de corpus, iba de fiesta en fiesta; proveía de pan a algunas tiendas.
Como una buena bartolense, fue muy amante de la agricultura, sobre todo de los manzanares. Pasaba horas en medio de los árboles cuidándolos mientras cantaba algunas canciones que aún entona.
“A mis guambritas bartolas, alma vida y corazón. Por eso, por eso te quiero Cuenca. Ordeñando la vaca lechera, abrazaditos los dos ayayay y bebiendo la postrera”. “Ele, ya canté”, dice sonriente, luego de cantar un poco de éstos tres temas.
Para doña María Esther, la receta para llegar a los 100 años y pasarlos inclusive, es comer de todo pero en pequeñas cantidades, consumir mucha fruta todos los días, trabajar fuerte y hacer ejercicio para sudar.
En su dieta alimenticia prioriza las frutas. Incluso hasta en la noche come un tipo de fruta, papaya, piña, manzana, uva o plátano.
A más de la panadería, criaba aves y cuyes. Su trabajo empezaba en la madrugada. Subir al cerro y bajar para ella era parte de su vida diaria y la dosis de ejercicio que necesitaba para mantenerse saludable.
A sus 85 años se operó de cataratas. El médico le recomendó dejar el trabajo en el horno de leña. Fue cuando vino a vivir en Cuenca con su sobrina Piedad Vintimilla Calle; pero sin dejar del todo a su San Bartolomé querido, adonde va casi todos los domingos a encontrarse con sus parientes y amigos, y a disfrutar del paisaje; Los otros días se pasa viendo televisión, cantando y bailando.
El amor sé le llegó, pero nunca se casó. “El señor Brito”, fue el amor de su vida, sentimiento que, según asegura, se lo llevará hasta la tumba, aunque prefiere no hablar del tema.
Tuvo un hijo de crianza, al que le mantuvo desde los 4 años de edad: Miguel Ángel Pizarro. Cuando él murió quedaron dos hijos, a los que los quiere como nietos. Les apoyó en la educación. El uno es Francisco Pizarro, ahora concejal de Sígsig.
Cuando acude a los chequeos al hospital del IESS por su única enfermedad, la presión alta, no deja de bromear con su sobrino médico, Carlos Faicán. Por lo demás es sana ve y escucha sin inconvenientes.(AZD)-(I)

Primos, sobrinos, más familiares y amigos, en la fiesta de los 100 años.(AZD)

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Sobrinos tiene María Esther. Ellos y los demás familiares y amigos de San Bartolomé le festejaron su cumpleaños número 100. Los disfrutó bailando y cantando.