Reciclaje de cobre mueve economías

Cuando era más joven, esta mujer trabajaba limpiando caña y realizando otras tareas relacionadas a clasificación de diversos materiales.

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María Cabrera y Alicia Toledo, madre e hija, mientras enrollan el cable reciclado, uno de los tantos materiales que recogen en diferentes lugares de la ciudad. ACR

De tres a cuatro dólares le pagan a doña María Cabrera, de 80 años de edad, por un “montoncito” de cobre reciclado que recoge en algunas zonas de la ciudad, que las recorre a pie apoyada de su bastón (pedazo de palo de escoba) y, a veces, con la compañía de un vecino y un familiar.

Acompañadas de sus perros, a quienes ellas alimentan, realizan el recorrido. ACR

Nacida en el cantón Paute, y radicada en Cuenca, esta mujer viuda, de cabello blanco, colorida pollera y sombrero, es una de las muchas recicladoras informales que labora de lunes a domingo y su ingreso semanal depende exclusivamente de esta actividad.

Con lo que cobra le debe alcanzar para comprar: una libra de arroz y media libra de azúcar, un poco de balanceado para sus cuatro perros que siempre la siguen y va sumando poco a poco para sacar 40 dólares mensuales que paga de arriendo, por ventaja su dueña de casa es tan buena -dice- que a veces no le cobra un mes.

El cobre, con sus pequeñas y gruesas manos, lo dobla con mucho cuidado, pues no puede torcerlo y, además, para no lastimarse. Esta tarea la hace con su hija Alicia Toledo, quien tiene discapacidad leve.

Para mejorar sus ingresos, ellas también recogen de las calles fierros, alambres y botellas plásticas…pero comenta que la competencia es fuerte “todos andan en eso, recogiendo; y, ellos pueden cargar más, yo no mucho porque ando con dolor de rabadilla, piernas y tengo un brinco aquí en la cabeza, no es dolor, es un brinco”.

Doña Cabrera, y su hija, caminan por la zona de Las Américas, Eucaliptos, Miraflores y afines; no le piden nada a nadie, no molestan, son silenciosas en su tarea, solo piden de favor que cuando golpeen la puerta de una mecánica, un taller o una casa, para recoger desperdicios de cobre, hierro, alambre o más materiales sin uso, no les den la espalda.

A su vez, solicitan que los compradores de chatarra, les den un buen precio, les ayuden. Por ventaja, comentan, hay gente de buen corazón que, adicionalmente, les obsequian algo de comida, arroz y manzanas suaves fundamentalmente. (ACR)-(I)