“Chatarreros” se mantienen frente a gran competencia

Aún no es generalizada la cultura del reciclaje, los mayores vendedores (en centros de acopio) no son familias, sino recicladores artesanales.

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Claudio Calapaqui, comerciante de chatarra, por su bodega de la avenida Las Américas, paga 1.800 dólares al mes. ACR

NEGOCIOS

A lo largo de Las Américas existen varios centros de acopio, medianos y pequeños. ACR

Los denominados “chatarreros” se mantienen en Cuenca, pese a que la competencia no es poca. Son personas que se dedican a almacenar, clasificar y vender chatarra: trozos de hierro o metal viejo que son desechos.

Cinco patios medianos, centros de acopio o reciclaje de chatarra, están ubicados en la avenida Las Américas, desde el sector del puente Fabián Alarcón para arriba.

Son negocios independientes, cada uno maneja su estilo y logística; aunque mantienen un costo promedio similar por la chatarra que compran, también incluyen botellas plásticas y cartones. De 12 a 13 centavos pagan por el kilo de chatarra y de 45 a 50 centavos por el kilo de botellas plásticas.

Precios

Claudio Calapaqui, representante la recicladora esquinera, señala que esta actividad enfrenta altibajos, pues él sigue comprando al mismo precio los desperdicios que le traen a su bodega los recicladores artesanales, pero -a su vez- a él le compran en otras provincias (para chatarrizar) a menor precio.

Antes le compraban a 20 centavos el kilo de chatarra, ahora a 13 centavos, y no le explican por qué bajó el precio “dicen que viene esto desde el hierro mismo que baja a nivel nacional”, comenta este comerciante. Aunque gana aproximadamente tres centavos por kilo, está tranquilo, ya que suma grandes volúmenes. Más que el plástico, la chatarra es el fuerte de su recicladora.

Luego de clasificar hierro, cobre, bronce, aluminio, botas de caucho, plástico y todo material, Calapaqui -en camiones propios- transporta la chatarra a Latacunga; una parte de aluminio a Guayaquil, otra a Santo Domingo y a Latacunga; botellas plásticas a Guayaquil; y, el cartón se queda en Cuenca.

Calapaqui comenta que más allá de la competencia, lo que más les inquieta a los chatarreros es la presión que ejerce el Servicio de Rentas Internas (SRI) para verificar facturas de algunos desechos como refrigeradoras viejas…

“No se dan cuenta que nosotros limpiamos la ciudad, si no hubieran nuestras bodegas de chatarra las calles estarían sucias, la contaminación y el riesgo de ciertos desechos peligrosos sería un problema”, exhorta.

En otra chatarrera -adjunta- compran aluminio, cobre, bronce, cartón y plástico con balanza computarizada desde un kilo hasta más de una tonelada; atiende una mujer, tras una ventana con protección de hierro.

Más adelante, en la siguiente bodega, Julio Chocho, administrador, revela que ha bajado este negocio porque algunos recicladores ya no venden a los centros de acopio, sino van directo a las grandes fabricas que chatarrizan. (ACR)-(I)