El Gobierno y el FMI

Marco Salamea Córdova

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Los problemas económicos del país, y particularmente el persistente y abultado déficit fiscal, ha llevado al régimen de Moreno a realizar lo que se preveía, esto es, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI); a partir del cual el Gobierno recibirá un crédito de 4.200 millones de dólares y, en contrapartida, aquel se ha comprometido a cumplir una serie de metas económicas.
Ese acuerdo, enmarcado en la Carta de Intención con el FMI, conlleva la adopción de una serie de medidas económicas que no son nuevas y que forman parte de los famosos planes de “estabilización económica” y de “ajuste estructural”, que han sido aplicados en diversos países del mundo desde hace varias décadas; y, que además no son ideológicamente neutros, sino que corresponden a una concepción de la economía de carácter neoliberal.
Conceptualmente el neoliberalismo plantea, entre otras cosas, la privatización (directa o vía concesión) de las empresas públicas, la reducción del gasto estatal (vía la eliminación de subsidios, despidos de empleados públicos, reducción de la inversión pública y social), la liberalización económica ( liberando los precios de ciertos servicios, y una total apertura a la inversión y comercio extranjeros), el incremento de los impuestos indirectos (como el IVA), una política salarial restrictiva y la flexibilización laboral
La medidas que tomará el Gobierno (o que ya ha empezado a tomar) en el marco del acuerdo con el FMI, se enmarcan precisamente en esa concepción; medidas como: liberación del precio de algunos combustibles, focalización de subsidios, despido de miles de empleados del Estado, reducción del presupuesto para salud y educación, incremento del IVA, l reducción real de salarios, reformas laborales, incremento de la edad para la jubilación, etc.
El problema es que esas medidas (como sucedió en Ecuador en los años 80, 90 y en los primeros del siglo XXI, y como ha sucedido en otros países donde se adoptaron), no sólo que no resolvieron la crisis fiscal ni reactivaron la economía, sino que agudizaron la recesión y el desempleo, la desigualdad y otros problemas sociales, amén de que provocaron conflictos sociales y crisis políticas que, en el caso ecuatoriano, llevaron incluso al derrocamiento de tres Presidentes de la Repúbica. (O)