Alan García

Gerardo Maldonado Zeas

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Según el principio de la razón suficiente en la Lógica, nada existe sin causa o razón, o sucede porque sí, sin explicación alguna. Interrogantes que se quedaron en el aire, para no entender por hace qué Alan García el expresidente del Perú, terminó con su vida hace algunos días.

La inminente detención por el supuesto lavado de activos y el enredo en el cual Odebrecht sometió a los ex gobernantes de varios países de latino américa, según el criterio de la mayoría de la población, fue la causa detonante para el suicidio al temer ir a la cárcel y terminar sus últimos años de vida en un sitio funesto, como el cepo del Callao. Para algunas personas, lo hecho por García parece fue una cuestión de honor.

Su primer gobierno entre 1985-1990 cuando tenía 36 años fue muy controvertido; el Perú vivió una hiperinflación del 7500% y fue la época en la cual Sendero Luminoso apareció con innumerables actos de terrorismo. Luego, al ser perseguido por Fujimori se refugió en París por casi 10 años bajo el amparo de los Miterrand. En su segundo intento por llegar a la presidencia en 2001 perdió los comicios frente a Alejandro Toledo, quien hoy se encuentra prófugo de la justicia. Y en 2006 ganó las elecciones en una segunda vuelta muy dura contra el “chavista” de ese momento Ollanta Humala. Su paso por la presidencia fue muy aceptable.

Un hombre de una inteligencia extraordinaria, quizás el símbolo de un político con todas las condiciones para gobernar un país. Siempre en su partido APRA, cuyo fundador Haya de la Torre fue su referente y de quien adquirió muchas habilidades, sobre todo las discursivas. García fue quizás el político a quien más le persiguieron por todos sus actos.

En el juego político, las percepciones aparecen sobre las realidades. La población peruana a la vez que celebra el peso de la justicia para no dejar impunes los actos de corrupción de los gobernantes, también cree que el criterio de la prisión preventiva de 3 años, por ejemplo, es una exageración. El resto es historia. Paz en su tumba. (O)