El poeta inglés

CON SABOR A MORALEJA Bridget Gibbs Andrade

166

Vivió durante una de las eras más turbulentas de Inglaterra y, sin embargo, se convirtió en uno de los dramaturgos más reconocidos de la historia. Sus obras han sido traducidas a ochenta idiomas y, algunas de ellas, como Otelo, muestran un viso de su vida amorosa. Según los estudiosos, su relación con la poeta feminista Emilia Lanier influyó al crear el personaje homónimo de esta obra en la que menciona la capacidad femenina de albergar los mismos deseos apasionados que seducen a los hombres.
No hay ningún registro de su nacimiento. En ese entonces, se acostumbraba a bautizar a los recién nacidos el día de la celebración de un santo posterior al día del parto, por ese motivo, fue bautizado un día como hoy. Se rememora su cumpleaños, tradicionalmente, el 23 de abril. Fue el tercero de ocho hijos y ayudaba en la curtiembre de su padre a fabricar guantes. Se casó a los 18 con una mujer ocho años mayor a él con la que tuvo tres hijos. De 1585 hasta 1592 no existe una pista que revele en qué ocupaba su tiempo, refiriéndose a este período como “Los años perdidos”.
Fue copropietario de la compañía teatral conocida como Lord Chamberlain´s Men alcanzando tal popularidad que a la muerte de Isabel I, el nuevo monarca, Jacobo I, la tomaría bajo su protección. Escribió más de 35 obras entre tragedias, comedias y sonetos. A lo largo de su vida amasó una fortuna considerable invirtiendo sagazmente sus ganancias en varias propiedades. Murió a los 52 años un 23 de abril, el supuesto día de su nacimiento.
Cómo no recordar al poeta inglés que me inició en el gusto por la literatura inglesa a una corta edad, de la cual conservo la antología de sus obras adornadas por ilustraciones medievales. Comedias como: “La fierecilla domada, Mucho ruido y pocas nueces, Los dos hidalgos de Verona, Las alegres comadres de Windsor”, fueron mis lecturas predilectas. No se equivocó al decir que: “El mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres son meros actores. Tienen sus salidas y sus entradas y, un hombre durante su tiempo, interpreta muchas partes, sus actos siendo siete edades”.
La profecía de su contemporáneo, Ben Jonson, se cumplió al pie de la letra: “Shakespeare no pertenece a una sola época, sino a la eternidad”. (O)