El caso Assange

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Luego de dos semanas, quedan varios puntos que deben ser aclarados en el caso Assange. El gobierno dio por terminado el asilo al creador de Wikileaks, argumentando que había incumplido las normas básicas de convivencia. Él o más bien dicho algunos de sus voceros, antes que razones han lanzado epítetos contra el régimen de Lenín Moreno, acusándole de ser parte de un plan internacional dictado por los Estados Unidos. El gobierno ecuatoriano ha hecho uso de su derecho soberano- han dicho las autoridades nacionales- de retirar el asilo, bajo la promesa de Londres de no enviar a Assange a un país en donde exista pena de muerte.
Los hechos conocidos hablan de un asilo concedido por el anterior gobierno en uso de su derecho de aplicar esa figura de protección. Más allá de la conveniencia política o no de haber concedido el asilo, lo innegable es que el Ecuador se hizo cargo de un grave problema, considerando la forma de actuar del refugiado australiano. El intento de darle el estatus de diplomático ecuatoriano para que pueda abandonar la embajada, burlando a las autoridades inglesas, fue un vergonzoso escándalo producto de la improvisación de la Canciller Fernanda Espinoza. Concederle la nacionalidad ecuatoriana fue igualmente un paso en falso, pues se forzaron las normas al respecto.
En el retiro del asilo pesó la acusación que se hacía al presidente Moreno de que no iba a proceder así por temor a lo que podía revelar Assange. El gobierno mostró que no tenía nada que ocultar, con lo que ganó un punto a su favor. Al parecer esa fue una razón de fondo. La pregunta de por qué incumplió las normas de convivencia, aun sabiendo que eso podía atraerle su expulsión, todavía no tiene respuesta. A menos que la razón haya sido arriesgarse a confiar en que no sería extraditado a Estados Unidos, antes que seguir confinado indefinidamente en la embajada.