Tasa solidaria

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Extraño sería encontrar alguien que con satisfacción pague impuestos. Se trata de una obligación incómoda para que pueda funcionar el sector público. Difícil pensar en un país que, por sus ingresos naturales preste todos los servicios sin cobrar impuesto alguno. Creación de nuevos impuesto o incremento de los existentes da lugar a reacciones negativas, por mucho que se justifique su destino. Rebajas de impuestos son motivo de satisfacción, aunque no se disfrute de los beneficios inmediatos. El uso de las recaudaciones que haga el sector público es motivo de controversia y puede cuestionarse desde distintos ángulos.
En países unitarios como el nuestro, la mayor parte de los impuestos se destinan a la administración central y los servicios y obras no son equitativas en todas las regiones. Algunos impuestos, como los del predio urbano, manejan íntegramente los organismos seccionales lo que, más allá del uso que hagan las instituciones, garantiza que se invertirán íntegramente en la región. Pagar impuestos a que otros disfruten es una generalizada opinión con los nacionales. En la administración seccional, por lo menos hay el alivio de que se destinarán a esta área, evitando además la engorrosa tramitología nacional.
Desde hace algunos años, el Consejo Provincial del Azuay creó la denominada tasa solidaria que, en lenguaje común, es un impuesto a la matriculación de vehículos. Un elevado porcentaje de automotores son particulares, lo que hace suponer que quienes los poseen tienen mejores ingresos. Como en toda medida de esta índole, hay personas que consideran que debe eliminarse para “pagar menos” impuestos. En el caso que comentamos, vale la pena tomar en cuenta que lo recaudado se invierte exclusivamente en la región y fortalece los magros presupuestos de organismos seccionales. El indiscutible mejoramiento de la vialidad rural es un punto a favor de la tasa solidaria que favorece su mantención.