El libro de la palabra

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresugaldev

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Está allí, justo allí. En el tercer estante, junto a los libros de Peralta y Platón. Allí, tengo guardada una copia de la Constitución de la República del Ecuador. La Carta Magna escrita en Ciudad Alfaro y legitimada por todos, aun los más humildes, de cuantos conformamos el Ecuador.
Hoy la he vuelto a abrir. Y no con los ojos del legista. Ni tampoco con los ojos del populista que busca en sus líneas los caminos para el atraco. No. La he abierto con los ojos de un niño. Despacio. Conservando intacto el símbolo. El libro de la ley. La Palabra que descansa sobre el ara y guarda la esencia de la patria de los abuelos. “Nosotras y nosotros, el pueblo soberano…” y pienso en este pueblo querido. Decidido a construir su historia contra viento y marea. Contra los complejos de inferioridad de quienes niegan su grandeza. Contra los pequeños tiranos y los grandes oportunistas que caminan por asambleas y ministerios.
Continúo leyendo: El reconocimiento de las raíces milenarias. La celebración de la naturaleza. La invocación del Estado laico y progresista. La memoria de nuestras gestas y nuestros héroes. La democracia irreductible y la dignidad como forma de vida. Hermosos postulados que se predican fácil y se practican poco. Soberbios ideales que poco a poco se olvidan por el camino y se pierden en los laberintos de la memoria. Allí está la naturaleza consagrada en las letras y doblegada por la ambición. La nación laica sometida al fanatismo clerical que aún conspira en los corredores del poder. La democracia vaciándose de contenido ante quienes ya no distinguen donde termina el gobierno y empieza el rapaz partido político. La corrupción, feroz, ahogando el Estado de derecho. El abismo abierto entre lo escrito y lo hecho. Y si, la tarea fundamental de rescatar la palabra. La constitución. Y convertirla, al fin, en una realidad… (O)