Resurrección

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Cristo es Dios y hombre, de allí que las mezquindades que llevaron a que sea crucificado como un vulgar delincuente de nada sirvieron ya que su resurrección demostró que nada podían hacer los seres humanos ante el poder divino. Ni de lejos murieron, al contrario, han sobrevivido por más de veinte siglos. Más que contra una persona, los que influyeron en la crucifixión trataron de acabar el mensaje nuevo que cuestionaba una visión reduccionista de la divinidad. Vale la pena reflexionar en que el fracaso fue total, pues las ideas y visión de la humanidad, se mantienen por más de veinte siglos, pese a persecuciones. Con las debidas distancias se puede hablar del aserto: las personas pasan, pero las ideas sobreviven.
El cristianismo, por lo menos teóricamente, introduce cambios profundos en la concepción de la realidad y sentido de la vida humana. Si la acumulación de riqueza era una de las metas de la felicidad humana por el apego a los bienes materiales, el cristianismo la cuestiona y hace de la pobreza una virtud, en tendida no necesariamente como la carencia de bienes básicos de subsistencia, sino por la no dependencia de estos bienes y la prioridad de lo espiritual sobre lo material ya que somos cuerpo y espíritu.
El amor integral es parte esencial de este mensaje, cuestionando, no solamente el odio y el afán de hacer daño a los demás, sino el egoísmo que lleva a que una tendencia humana sea la de conseguir ante todo un bienestar material ilimitado individual, a costa de las privaciones y sufrimiento de los otros. Las dimensiones del amor son múltiples, pero, más allá de su contenido romántico, se identifica con la solidaridad que, bien entendida, implica la prioridad del bienestar colectivo sobre el individual y la predisposición a ayudar a los otros cuando sufran privaciones o situaciones negativas. Mucho queda por hacer, pero en el futuro esperamos que cada vez se hagan más reales los planteamientos cristianos.