Tres años después

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Tres años después del terremoto del año 2016, las secuelas de ese fenómeno continúan sintiéndose, tanto por la magnitud que tuvo el sismo cuanto por la irresponsabilidad que hubo por parte del gobierno de aquel entonces. Millones de dólares destinados a la reconstrucción se fueron por las alcantarillas de la corrupción. En abril del año 2016, el terremoto de casi ocho grados de intensidad fue de los más fuertes que ha tenido el país y sus repercusiones se dieron particularmente en las provincias de Manabí y Esmeraldas en donde poblaciones enteras desaparecieron y cientos de viviendas fueron destruidas dejando a miles de compatriotas en una situación desesperada.
En seguida de producido el movimiento telúrico empezaron a llegar noticias cada vez más alarmantes sobre los primeros efectos visibles del fenómeno. Todos los análisis que se han hecho después han mostrado-sin embargo- que la reacción de los organismos de seguridad y defensa civil fueron titubeantes y lentos con lo que se perdió un tiempo irrecuperable. El Presidente Correa se encontraba de gira fuera del país y en una estructura tremendamente vertical como fue la de ese régimen, las respuestas tardaron más de lo razonable. Y, es conocido que sobre todo en términos de salvar vidas humanas, los momentos inmediatos luego de una catástrofe de esa magnitud son claves para rescates y ayudas.
Después vino un gran movimiento de solidaridad nacional por una parte y medidas económicas para supuestamente ayudar a los damnificados y a la reconstrucción. Lo que se hizo con esos recursos fue poco en comparación con lo que debió hacerse y hoy existen innumerables denuncias y procesos en marcha sobre la corrupción que se dio en la administración y contratación de muchas obras. Hoy al recordarse tres años de esa tragedia las imágenes de pueblos destruidos y casas abandonadas, son testigos fieles de lo que se dejó de hacer en las dos provincias y la deuda que el estado tiene con esos compatriotas.