Malala; la educación para todos

Tito Astudillo y A.

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¿Quién es Malala? pregunta mi nieta Sofía. Es digo, una niña cuya vida debe ser conocida y su ejemplo respetado más allá de todos los fundamentalismos que obnubilan y sectarizan; es, anunciadora de la libertad a través de la educación: “un niño, un maestro, un libro y un bolígrafo pueden cambiar el mundo” proclama; es, una militante por los derechos humanos y por los derechos de los niños; una soñadora de los derechos de la mujer y la equidad de géneros; pero fundamentalmente, es, defensora de la educación de las niñas en una sociedad que les cierra las puertas de la escuela como manifestación de fe; es, portadora de un mensaje por una sociedad libre y al margen de todos los fanatismos excluyentes.
Malala Yousafzai, la niña paquistaní baleada a quemarropa, es la persona más joven que recibió el Premio Nobel de la Paz (2014), a los 17 años de edad, en reconocimiento a su defensa del derecho de las niñas a ir a la escuela, compromiso que asumió desde los diez años de edad: “estoy orgullosa de ser una voz que defienda la educación de las niñas”, que no era fácil en un mundo en donde las adolescentes que deseaban ir al colegio tenían que enfrentar fanáticos con ametralladoras, oposición de la familia y de la sociedad oficial que aceptaba como normal que a una mujer -para llevar una casa no hace falta educarse-. “Prestemos nuestra voz a aquellos que no pueden hacerse oír”, propone.
Después, desde su exilio en Birmingham Inglaterra, sigue su cruzada por el acceso de las niñas a la educación en su pueblo natal, en su país de origen y en el Mundo. Pero ahora, con una visión universal, defiende y propaga su sueño: “educación para cada niño y cada niña del Mundo”. (O)