El viacrucis es un recorrido de penitencias y amor (FOTOS)

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Texto: Karla Crespo

Fotos: Patricio Saquicela

Durante la mañana de este viernes 19 de abril de 2019 decenas de fieles salieron a las calles de Cuenca para rezar y escenificar las doce estaciones del víacrucis de Jesús, en un recorrido marcado por la fe, el amor y las penitencias. 

Pese al frío, los seguidores de Cristo manifestaron su devoción.

Marco tiene 29 años. Hoy no ha desayunado y no lo hace nunca en Viernes Santo. Ayuna, pero esta vez, la primera en 14 años, ha tomado agua mientras cargaba la cruz.

El rostro y el nombre de Marco Pintado pueden ser conocidos para muchos. Lo recuerdan cada Semana Santa por ser el joven que representa a Jesús en el Via Crucis de Turi. Su historia se repite en los diarios una, dos, tres veces cada año. Quizá la razón radique en lo complicado que resulta explicar y creer que alguien por su propia voluntad desee recibir latigazos, cortar su frente, caminar descalzo dos kilómetros, cargar una cruz más de dos horas anudarse a ella durante veinte minutos. Alguien dispuesto a sufrir ver su sangre derramarse.

Quizá esta sea la razón por la que Marco es noticia cada año. Es el único en la ciudad en escenificar el calvario del Hijo de Dios como cuenta la historia. Sus manossus pies no tienen las heridas profundas provocadas por clavos, pero sí algunos cortes que sangran. Tampoco tiene una herida de lanza en el costado derecho del tórax ni su corazón atravesado por ella, pero sí su espalda herida por los latigazos que ha recibido con una cuerda de cabuya. Su frente sangra por algunos cortes que ha provocado la carona de espinas que él mismo ha elaborado.

Marco es un joven menudo, cabello negro, manos pequeñas. Ha representado a Jesús desde los 15 años y siempre en el viacrucis de Turi. Habla en voz baja y con humildad dice que nunca entrena físicamente para cargar la cruz. Su única preparación es su fe.

Para esta procesión estrenó una cruz de madera grande de cinco por dos, la más grande y pesada que ha cargado durante estos 14 años. “Pensé que por primera vez iba a pedir a alguien que me ayude a cargar la cruz, pero Dios mismo me mandó fuerzas para llegar hasta el último”, dice Marco aún con sangre en el rostro.