Solidaridad y traición

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El amor es la esencia del mensaje de Cristo. Si nos limitamos a las palabras, cantas bellezas se han escrito y dicho sobre este término. Pero, más allá de pensar, vivir es actuar y el amor es una actitud que se traduce en acciones hasta convertirse en una forma de vida. Hay varias dimensiones del amor, el enamoramiento entre personas de diferente género es la más ponderada, pero hay otras como la amistad que dignifica la relación entre personas. El amor se pone de manifiesto en el comportamiento de los seres humanos y, en términos generales, se expresa en solidaridad. Ama a tu prójimo como a ti mismo, no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti, son mensajes evangélicos.
Lo contrario al amor es el odio que se caracteriza por el afán de hacer daño a los otros y su meta es la destrucción física o conceptual. En el comportamiento general, el egoísmo es lo contrario a la solidaridad ya que los intereses personales –sanos o mezquinos- están por encima en la relación con los otros. El Jueves Santo, en el que se conmemora la última cena, es la máxima manifestación de amor cuando Cristo convierte el pan y el vino en su cuerpo y sangre para compartir con los demás. Se trata de una entrega integral a los otros que supera a las más bellas palabras.
En esta última cena, está también presente la traición que Cristo la denuncia sin personificar. Se trata de una ausencia de amor cargada de odio ya que, en este caso, busca la destrucción de la persona. Los seres humanos no somos perfectos y tenemos una serie de limitaciones. Lo importante en la vida, puesto que somos libres, radica en una permanente lucha entre la solidaridad y las pasiones negativas en el ordenamiento de nuestra conducta en las múltiples decisiones que tenemos que tomar, que llega a situaciones ejemplares como amar a los enemigos según la visión evangélica. La vida humana implica una permanente relación con los demás y una lucha interior entre el egoísmo y la solidaridad.