Doña Diana

Juan F. Castanier Muñoz

256

Hace treinta años naufragó una balsa con refugiados cubanos frente a las costas de La Florida y sobrevivió al siniestro un muchachito que se llama Elián González. Su madre murió ahogada. El niño fue a parar en Miami a la casa de exiliados cubanos y se desató, entonces, un debate internacional sobre cuál debía ser la suerte de Elián, si debía mantenerse en Miami acogido por una familia y, eventualmente, candidato a una adopción o si debía ser devuelto a Cuba donde se encontraba su padre. Entre cientos de declaraciones al respecto, de todo calibre, de todo nivel, de todo color, se pronunció el presidente de los EE.UU, George W. Bush, diciendo que, para su criterio, Elián debía quedarse en los EE.UU. La Fiscal General, Janeth Reno, fue inquirida por la prensa estadounidense sobre cuál era su criterio frente al caso y ella dijo que Elián González debía ser enviado a Cuba, donde se encontraba su padre.

Los periodistas le preguntaron, entonces, cómo así ella mantenía una posición diferente a la del Presidente Bush, y ella, absolutamente firme y convencida, asintió, “a mí no me cuenten cuál es el criterio del Presidente, a mí cuéntenme lo que dice la ley”. A los pocos días, la Fiscal Reno emitió su dictamen, los jueces lo acogieron y Elián fue enviado a Cuba en un avión militar.

La historia viene muy al cuento Doña Diana Salazar, porque si algún pecado han cometido los fiscales de la década bailada, ha sido su falta de independencia de los poderes de turno. La sociedad ecuatoriana tiene muchas expectativas sobre su designación, mucha confianza en que actuara sin hacer caso de las presiones y mucha seguridad en que lo hará en estricto apego a la ley. ¡Que le vaya bien!

No ha sucedido lo mismo con el “paisano” Assange, cuyas irreverencias y majaderías han terminado por colmar la paciencia de las autoridades ecuatorianas y, ahora, se encuentra detenido en una prisión londinense. Que sea juzgado conforme a ley y que los responsables de su inexplicable asilo, así como de la fraudulenta concesión de la ciudadanía ecuatoriana, respondan ante la justicia. ¡Qué vergüenza que hemos pasado durante estos siete años!