Yaku Pérez Guartambel: Soy un hombre del campo

Nuevo prefecto del Azuay dice ser un “chacarero”, es saxofonista y ha escrito siete libros.

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Yaku Pérez junto a sus mascotas y su hija menor Asiry en el patio de su casa.

Por: Pablo Vallejo I.
pvallejo@elmercurio.com.ec
Fotos: Patricio Saquicela
y Pablo Vallejo

La defensa del agua ha sido el escudo de armas de Yaku Pérez Guartambel, prefecto electo del Azuay, quien confiesa que su labor inició a las cuatro años de edad, cuando tenía que recorrer una larga distancia para acarrear agua hasta su casa, en la parroquia Tarqui (sur de Cuenca).
Abogado de profesión, con cuatro posgrados, dirigente nacional de la Ecuarunari por dos periodos, actualmente presidente de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), es parte del currículo del nuevo Prefecto.
Músico, pues es saxofonista ya que estudió cuatro años en el conservatorio “José María Rodríguez”, autor de siete libros, son algunas de las facetas del hombre quien fue una de las sorpresas en las pasadas elecciones.
¿Pero quién es Yaku Pérez, el defensor del agua, padre, profesional, ser humano?
“Sobre todo soy un chacarero…”, afirma sonriente en el sofá de su casa. Lo acompaña la menor de sus dos hijas, Asiry (que en quichua significa sonrisa), de 14 años.
Ñusta (princesa), de 20 años, no se encuentra en la casa, pues tuvo clases en la universidad. La rutina de Yaku Pérez, quien tiene 50 años, empieza a las 05:00, hora ideal para escribir, cuenta. Luego, de 06:00 a 07:00 practica Yoga y sale a trotar.
“Hago yoga todos los días. Eso me equilibra la mente, el cuerpo y sobre todo el espíritu, y hace que frente a tantos ajetreos de la vida me mantenga equilibrado”, menciona.
Además, unas tres veces por semana va a “saludar al agua” en el río.
A esto se suman los partidos de ecuavóley y campeonatos de fútbol los fines de semana.
Menciona que no puede vivir sin el mote, el aguacate, frutas y jengibre, pues la carne no es parte de su dieta, “solo cuando visito las comunidades…”. Sus hijas tampoco son amantes de la carne.

Familia

Yaku Pérez cuenta que gusta salir a jugar con sus hijas, incluso a Asiry le gusta el fútbol, voleibol, danza aérea, pero también disfrutan de juegos de mesa y otros.
Tratan siempre de desayunar juntos y en la cocina, Yaku comenta que él es quien cocina más “pero también ellas”.
“El que llega primero cocina…”, aunque señala que las comidas que preparan son rápidas. Un mote pillo, aguacates y frutas, conforman los platillos.
El desayuno lo preparan como reyes, al medio día una prima les ayuda con el almuerzo y en la noche comen muy poco.
Entre los miembros de su familia están dos perros, con los que salen a trotar juntos. Además tienen un gato que es el “novio” de Asiry.
Respecto a si tendrá que dejar de lado sus actividades para dedicarse a la Prefectura, comenta que sí tendrá tiempo, porque cuando estaba en la dirigencia nacional de la Ecuarunari, se daba tiempo para todo.
Así que tratará de planificar bien sus actividades para poder abarcar con todo. Tal vez tenga que dejar la escritura, porque demanda mucha concentración.
“Lo bueno es que yo me despierto temprano, en el campo se despierta a las cinco de la mañana”, indica, y esto le ha servido para cumplir con todas sus actividades diarias. (I)

“Ni rey ni santo”

Una de las aficiones del nuevo Prefecto es la música, ejecuta el saxofón.

“Hasta por el agua me cambié el nombre”, mencionó Yaku Pérez Guartambel en una de sus declaraciones en los medios de comunicación.
Al respecto, él manifiesta que su proceso de decolonización epistemológica inició hace mucho tiempo, pero se profundizó en la Ecuarunari, ya que estuvo en lugares recónditos a donde “nunca ha llegado un dirigente nacional…”.
Ahí se dio cuenta que era necesario la plurinacionalidad, la interculturalidad, la libre determinación y que los históricamente excluidos deben liberarse.
“Empecé a reflexionar y dije: yo Carlos. Pero Carlos son solo los santos y los reyes…” y fue cuando se enteró que en casi toda Europa existieron muchos Carlos que fueron reyes. “Yo rey no soy ni seré jamás… tampoco soy santo…”.
Eso lo llevó a pensar que debía llevar un nombre cañari y al estar vinculado toda la vida al agua, decidió llamarse Yaku, que en quichua significa “agua”.
Y fue así que el 8 de agosto de 2017, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se cambió el nombre junto a 12 personas más. (I)

Cecilia Méndez, viceprefecta
con una visión académica

Cecilia Méndez, viceprefecta, es docente investigadora en la Universidad de Cuenca.

Cecilia Méndez, socióloga y docente universitaria, de 57 años, es la viceprefecta que acompañará a Yaku Pérez Guartambel.
Se describe como una mujer cuya trayectoria política ha estado vinculada a los movimientos sociales y partidos políticos desde que tenía 13 años, pues a esa edad se unió al Movimiento Campesino del Azuay, instancia fundadora de la Ecuarunari.
“Uno de los elementos que me vinculó a la lucha social fue la protesta de las mujeres de El Valle por la basura, en la época que esta parroquia era el basurero de Cuenca…”, señala.
Docente investigadora y profesora de seis materias en la Universidad de Cuenca, tiene dos diplomados, dos maestrías, una candidatura doctoral, artículos publicados en revistas indexadas, comenta que asume su cargo de viceprefecta con satisfacción y calma. “Es la primera vez que estoy en un cargo político…”.
Ahora la premisa de Méndez es cumplir lo ofrecido, de lo contrario “estaríamos pasando como charlatanes…” y esa no es la intención.
Al ser una propuesta que fue antiminera considera que habrá presión en términos de erogación de recursos hacia la Prefectura. Sin embargo, asevera que se cobijarán en el movimiento social, gracias a las capacidades organizativas del pueblo.
“Iremos al seno del pueblo para desde ahí levantar sus necesidades, priorizarlas, mirar cuáles son posibles y cuáles pueden cumplirse a mediano plazo…”, dice y agrega que lo importante es partir de las necesidades de la población.
Para la docente el pueblo y los medios de comunicación deberán vigilar “que fuimos un binomio electo, dos los elegidos” y que la ciudadanía está cansada de las peleas patrimoniales y políticas.
Méndez aclara que continuará enseñando y su trabajo lo ejecutará desde la academia, sin descuidar, claro, las obligaciones que le esperan.
Con 30 años de casada, tiene tres hijos y un nieto, comenta que su familia está consciente del camino que le espera. “Tenemos que ser humildes y sabios para tender puentes hacia todos los sectores sociales del Azuay…”, concluye. (I)