Azucena educa con los ojos de su corazón

La docente tiene discapacidad visual y enseña a no videntes a escribir y leer Braille, usar el ábaco y cómo desempeñarse en la vida.

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Azucena Paguay (D) orienta a una de sus alumnas, Silvia Arpi en el uso del bastón.

Por: Pablo Vallejo I.
pvallejo@elmercurio.com.ec
Fotos: Patricio Saquicela

“Todo está en tomar la decisión y decir yo sí puedo. Siempre les digo a mis estudiantes que es hora de salir… que si hay oportunidades”, cuenta Azucena Paguay, docente con discapacidad visual, que coincidencialmente hoy cumple 43 años de edad.
La profesora, que trabaja en la Unidad de Educación Especial de No Videntes Adultos (UNEDA), tiene retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa de los ojos que causa pérdida de la visión y que le fue diagnosticada cuando tenía seis años de edad en el jardín de infantes.
Ahora utiliza su bastón para guiarse y a pesar de que no ve, camina sin dificultad, como si conociera el camino de memoria, a pesar de que la calle por donde ingresa al centro de estudios es de tierra, pues no ha sido asfaltada.
Con destreza abre el candado que sujeta la cadena de acero que mantienen cerrada la puerta. Atraviesa parte de la cancha de fútbol del establecimiento hasta llegar a su aula.

Historia

Sentada junto a una de las mesas de trabajo del aula menciona que “cuando estaba en el jardín de niños recuerdo que mi maestra me ponía muestras en mi cuaderno para que las siga y no podía”, así que su profesora le preguntó qué le sucede a lo que ella respondió que no podía ver.
Fue así que le llevaron a un centro de salud y luego sus padres buscaron ayuda profesional para detectar su enfermedad.
A pesar de esto, la condición de Azucena no ha sido barrera para cumplir con una de sus metas, la docencia.
“Creo que siempre me ha gustado la docencia… desde niña tenía esa vocación. Me gusta ayudar a la gente, apoyar y orientar…”, confiesa.
Luego de que le diagnosticaron su enfermedad ingresó en el Instituto Fiscal de No Videntes y Sordos del Azuay, que ahora se llama “Claudio Neira Garzón”. Ahí cursó toda la primaria.
Posteriormente estudiaría el ciclo básico en el colegio “Febres Cordero” y el diversificado en el “Octavio Cordero Palacios”.
“Estudié como cualquier estudiante, aunque con ciertas dificultades y falencias… Algunos profesores me entendían, otros no…”, indica.
Al culminar la secundaria, con el apoyo de sus padres y becas que consiguió, ingresó a la Universidad del Azuay (UDA) y cursó la Carrera de Educación Especial y Parbularia.
Actualmente Azucena es profesora de ocho personas con discapacidad visual, con edades entre los 22 y 73 años, a quienes enseña a usar el Braille, que es un sistema de lectura y escritura táctil.
También está el ábaco que se usa para operaciones aritméticas sencillas como sumar, restar, multiplicar, dividir, entre otros.
El manejo de la computadora mediante programas que leen la pantalla de la máquina es parte del aprendizaje.
A esto se suma la orientación y movilidad que consiste en el manejo del bastón y para esto enseña técnicas de ubicación, orientación y desplazamiento. (I)


“La única barrera es la mental, aquella que nos impide continuar”

En su teléfono celular, la docente tiene una aplicación que lee la pantalla para que puede utilizarlo.

Asear la casa, cocinar, atender a sus dos hijos y otras actividades del hogar no son problema, afirma Azucena Paguay.
En su casa no requiere de implementos especiales para desempeñarse. Pero cuando sale de su hogar, su bastón para movilizarse y un teléfono móvil inteligente, que tiene una aplicación de audio que “lee” todo lo que está en la pantalla, son los compañeros inseparables de la docente.
Cuenta que sale de su casa, que está en la parroquia Ricaurte, a las 11:30, pues viene en bus. Uno de sus hijos le acompaña hasta el centro de la ciudad en donde toma otro bus para llegar a la UNEDA que queda en el sector del Control Sur.
Amante de la música, en especial la música del recuerdo y la nacional, dice que toca el piano, le gusta mucho, pero no cuenta con tiempo suficiente para practicar, a pesar de que tiene un piano en su casa.
“Creo que dedicarme a tocar el piano es uno de mis sueños… pero espero estudiar en algún momento”, dice mientras sonríe, pues le gustaría profesionalizarse en la rama musical, pero por ahora su sueño “está durmiendo”.
Otra de las aficiones de la profesora es el atletismo, deporte que practicaba en su juventud, aunque anota que le atrae mucho el básquet, “este si es un sueño frustrado para mi”, cuenta y todavía no se ha atrevido a practicarlo debido a su falta de visión.

Mensaje

Para Azucena Paguay la mejor “arma” que tiene una persona con discapacidad es educarse, es decir, prepararse y capacitarse para afrontar la vida, pues “si uno no lucha, nadie va a darle luchando…”. De ahí que invita a todas las personas con alguna ceguera física, que no se dejen ganar por una ceguera espiritual.
“Nuestros ojitos se han apagado, se han cerrado, yo creo que los ojos del corazón nunca se van a cerrar”, afirma.
Quizá por factores como los económicos, geográficos, distancia, la familia, entre otros, a veces frustran o truncan a quienes no pueden ver y no les deja salir. Sin embargo, todo está en uno mismo, en salir, en decidir, ya que “querer es poder”, comenta Azucena y como dice el refrán, no hay peor lucha que la que no se haya hecho.
El área académica brinda muchas oportunidades para las personas con discapacidad visual, porque pueden avanzar en todos los niveles de educación “con sus dificultades y barreras”, pero ya no es tiempo de quedarse relegado, “la peor barrera es la mental que nosotros mismos a veces nos hacemos”. (I)