“Una muy buena ciudad para vivir”

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Sthepane Chandivert, ingeniero eléctrico que labora en el Proyecto Tranvía, en un paseo por el Parque de La Madre. Foto PSR

A Stephane Chandivert, ingeniero eléctrico francés que conoce el Ecuador hace 18 años, residente en la ciudad desde hace tres y que ha pasado por el país de manera intermitente, le gustaba más la Cuenca de antes, cuando “no había tantos edificios” y, en general, “el Ecuador era un país más auténtico”.

Cuenca “es una ciudad agradable para vivir en familia”, donde se siente en seguridad, con amigos y gente agradable y simpática y “un país bonito entre la selva, la cordillera, la playa… todo muy cercano”, dice Stephane, uno de los técnicos del Proyecto Tranvía.

Cuenta que se conoció con su esposa cuencana, en Francia, allá contrajeron el matrimonio civil y en Ecuador, el eclesiástico, manifiesta y asegura que, de todo del país, Cuenca es la mejor, la ciudad ideal.

Más no le gusta que “los edificios (estén) a cada lado” y la saturación de negocios, bares, restaurantes y locales de todo tipo por el centro y en general por la ciudad.

Observa con preocupación y como algo negativo del país, la evolución de los precios de los inmuebles, los últimos seis años que, a su juicio, se han multiplicado casi por tres. “Hace ochos años vi un departamento que costaba 70.000 dólares y hoy, el mismo departamento vale 170.000 dólares”, comenta.

La construcción del sistema tranviario motivó la llegada a Cuenca del ingeniero francés, la tecnología también es de su país. FOTO: LCC

Asegura que comprar una casa en su ciudad francesa sería más barato que aquí, lo mismo que los vehículos y la ropa. Salvo por “la gasolina y los almuerzos”, lo demás es demasiado caro, de la misma forma que los impuestos. “En Francia mi esposa tenía una Peugeot 206 que cuesta 2.000 euros (2.500 dólares), aquí valdría unos 7.000”.

Le sorprende que no haya un departamento amoblado por menos de 1.000 dólares y, al contrario muchos edificios, pero la mayoría vacíos, por más de un año, cuando si alquilaran los departamentos por un menor valor, piensa que tendrían éxito.

Cuenta también que, al verlo extranjero, especialmente en la Feria Libre, le piden el doble o el triple; se abusa y casi nadie tiene marcados los precios y, aún marcados, los suben, lamenta.

La conducción, estima, a momentos es fatal, por el irrespeto a los semáforos, porque los conductores no utilizan las luces direccionales, porque no paran para que crucen los peatones. “No puedo parar de reclamar… y sin embargo (…) Cuenca es una muy buena ciudad para vivir, muy agradable por el clima” (“no hay invierno”), con buenos servicios básicos, aunque con cierto desorden o más bien indisciplina de algunos pobladores.

Sin embargo, “de todos los extranjeros que trabajan conmigo, franceses y españoles, no conozco a nadie que diga que no le gusta Cuenca”, enfatiza. Lo que también le gusta de la ciudad es que hay mucha animación: “siempre hay fiesta, espectáculos culturales, conciertos, a donde salir y qué hacer, ciudad super dinámica.

Padre de dos niños: un niño de nueve y una niña de 12, que estudian aquí, narra que con su esposa cuencana siempre querían vivir aquí y, cuando se anunció la construcción del tranvía por parte de una empresa de su país, aprovechó las coincidencias, aplicó para un trabajo y en unas vacaciones navideñas en Cuenca, en el 2014, contactó a los ejecutivos del proyecto y fue así que, dejando todo en Francia, se encuentra aquí con su familia.

Especialmente sus niños se hallan totalmente integrados y no querrían regresar, él mismo, con una familia de su esposa muy grande, con muchos sobrinos, siempre está ocupado y los fines de semana, con muchos lugares a menos de una hora, desde Yunguilla al Cajas, “por eso también me gusta Cuenca, que tiene todo alrededor. El día que me vaya de aquí, será super duro…”

Una diferencia con relación a su patria es que aquí, los domingos, hay mucha actividad y le encanta el contraste de la población que “al lado de un señor de traje y corbata, camina una chola, con su pollera… es muy bueno que la gente conserve su cultura”, remata. (I)