César Jimbo, el responsable de una tradición

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En su taller Julio César Jimbo retoca una de sus esculturas talladas en nogal.

El lugar de trabajo es pequeño, no supera los cinco por cinco. Varias esculturas religiosas y el polvo comparten espacio dentro de dos estantes de madera que ocupan la entrada del local, más atrás un mueble con libros viejos y cientos de sobres de cartas amarillas y dos mesas de madera acompañan cada día al escultor cuencano Julio César Jimbo Sinchi, responsable de esculpir la imagen del Cristo del Consuelo, que hasta ayer estuvo en la ciudad.

Es humilde, sin poses. Acaba de hacer negocios para tallar un cristo de madera, pelea por el precio de su trabajo, llega a un acuerdo con los clientes que vienen desde Girón y “todos se van contentos”. Julio César dice que sus esculturas y los párrocos de cada iglesia del país se han encargado de hacerle promoción, y siempre lo buscan para que sea el responsable de crear las imágenes más importantes de los templos.

Es el caso de la imagen de Cristo del Consuelo, un día de 1961 un “párroco de Guayaquil, entró al negocio para pedirme que haga la imagen”, recuerda Julio César que aprendió el oficio cuando tenía 18 años con su maestro Filomeno Qhizphe. A los 22 años ya tenía su propio taller de escultura y seis años después levantó todo un calvario para el puerto pesquero de Jaramijó, en la provincia de Manabí.

Después de ese trabajo, fue el encargado de construir la imagen de Cristo del Consuelo, una de las más veneradas del país. Cada Viernes Santo reúne alrededor de medio millón de feligreses que recorren el sur de la ciudad de Guayaquil para recordar del Vía Crucis de Jesús.

Nunca pensó que el valor y el significado de esa imagen dentro de los creyentes católicos trascendería. Habla de ella como si no asumiese el valor simbólico que tiene su Cristo del Consuelo dentro del país e incluso Latinoamérica -la procesión del Viernes Santo ha sido catalogada una de las más importante del Sur de América-.  Con su voz ronca y baja dice lentamente que siempre su trabajo es hecho con responsabilidad, sin pretensiones. “Hay que entregar a la hora que ofrecimos, eso sí”, dice mientras le sale una sonrisa pícara.

Las pretensiones se las guarda al momento de esculpir. Su taller-oficina es evidencia de ese valor, un espacio humilde de esquina a esquina, que está ubicado al frente del parque María Auxiliadora. Julio César de 84 años de edad ha esculpido imágenes religiosas para todas las iglesias, capillas y catedrales del país. Lleva en el mismo taller  64 años y dice que permanecerá ahí hasta que Dios y su salud le permitan trabajar.

Este domingo fue homenajeado por la Arquidiócesis de Cuenca y por el Santuario de Cristo del Consuelo de Guayaquil, con un pergamino “que reconoce su trabajo en la escultura sacra del país y a toda su familia”, afirmó el padre Ángel Villamizar, párroco y rector del Santuario Cristo del Consuelo de Guayaquil.

-Don Julio ahora con su técnica perfeccionada con los años si pudiera cambiarle algo a la imagen de Cristo del Consuelo, ¿qué sería?

-Nada. Lo hecho, hecho está. (KCJ)-(I)