Los páramos se nos van

Nicanor Merchán Luco

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De los páramos depende que tengamos o no el agua, por lo que debemos cuidarlos de frenar el avance de la frontera agrícola, no se puede cambiarlos por pastizales para el ganado. Hay muchas personas que se oponen a la minería industrial pero que lo hacen para favorecer a la explotación de la minería ilegal. Mientras tanto existe una mayor cantidad de personas que defienden en realidad al agua que proviene de los páramos y para que el líquido de estos pajonales siga fluyendo hay sencillamente que cuidarlos. Tanto la minería industrial como la minería ilegal le afectan drásticamente.

A los páramos del Ecuador y por supuesto a los del Azuay hay que preservarlos, hay que efectuar una acción conjunta para protegerlos, caso contrario en pocos años más las ciudades no tendrán agua. Los Derechos de la Naturaleza obligan a que no exista ninguna clase de minería sobre los 3.500 msnm, puesto que el artículo 71 de la Constitución pide que se respete íntegramente la existencia de la naturaleza, del mantenimiento y regeneración de su ciclo vital. Por esto también la ganadería en la altura, al desaparecer el pajonal le afecta a la dotación de agua.

Es deshonesto y cínico estar en contra de la minería industrial y no decir nada de la minería ilegal. Los páramos han generado por miles de años una flora y fauna especial, adaptada a los cambios drásticos de la temperatura diaria, a la alta radiación UV y a una biodiversidad sorprendente por la altitud a la que se desarrolla. Los páramos en el Ecuador ocupan apenas un 5% de su territorio, pero no sabemos cuánto se pierde diariamente por la acción humana. El páramo no es el que mejor se maneja, a pesar de que los parques nacionales y las reservas estatales hacen todo el esfuerzo por cuidarlos. (O)