La radiotécnica, un oficio venido a menos

Iván Torres y Édgar Esparza, con cuatro décadas de experiencias, relatan sus historias. El Centro Histórico es su centro de operaciones.

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Édgar Esparza Iván Torres
Iván Torres monitorea un antiguo radio en busca de la falla para poder corregirla y ponerlo a funcionar.

Sectores muy populares en el corazón de Cuenca son el refugio para los talleres electrónicos donde se encuentran hombres que han dedicado su vida al oficio de reparar radios, televisores, licuadoras y más artefactos electrónicos.

Barrios como El Vado, El Padrón, San Francisco y San Blas, están entre los favoritos para este tipo de negocios de antaño que persisten con el tiempo y cuyos propietarios son personas con décadas de experiencia que han trabajado todo su vida en esta rama artesanal.
No obstante el transcurrir de los años, la dolarización del Ecuador, la globalización y la modernización, han transformado las actividades en estos talleres que tienen una característica general, se muestran con sus espacios llenos de equipos empolvados, unos más grandes que otros, de formas diversas y variados colores.
Iván Torres, lleva 40 años trabajando como radio técnico y lo hace en el mismo lugar donde inició de manera independiente, la casa de un familiar, eso le ha permitido permanecer ahí desde el comienzo hasta la actualidad.
Asegura que hoy todo está tecnificado y que los aparatos en buena parte vienen “desechables”. Asegura que desde que se dolarizó el país, la actividad ha decaído porque la gente prefiere comprar un nuevo en lugar de hacer reparar un aparato que se daña.
Según Torres, antes los aparatos costaban millones en sucres, pero ahora la gente considera que cuesta poco y prefiere comprar otro en caso de averías.
Los equipos antiguos llevaba más piezas, se cambiaba solamente la pieza averiada, ahora todo viene simplificado con microprocesadores que, al momento de daños, se tiene que cambiar toda la placa y eso es más costoso. Entonces prefieren un nuevo, relata el artesano.

Actualización
“He tenido una serie de cursos, es que no hay como dejar que este oficio se vaya, tenemos que seguirnos actualizando. La electrónica es infinita, se han dado varios cambios y cada vez es más compleja. Por ejemplo, las radios antiguas eran con tubos, unas máquinas grandes y había facilidad de ir cambiándolos, después vinieron los integrados con que también era simple de trabajar, pero ahora vienen con microprocesadores, los aparatos son más pequeños”, explicó.
Lo complicado de este trabajo es que a veces no hay los repuestos, son estructuras nuevas y a veces no se encuentran las partes que se necesitan.
En este local se arregla todo tipo de aparato electrónico, desde radios hasta televisores, licuadoras, inclusive secadoras de cabello, de estas últimas especialmente las antiguas y profesionales, pero las últimas no porque el cliente prefiere comprar otra cuando se dañan.
De lo que entra en un mes, en el taller de Iván Torres, casi el 50 % se desecha, esto es, entre 15 a 20 aparatos pasan a ser materia prima para los recicladores, porque los propietarios los dejan y no vuelven más. Aparentemente optan por comprar un nuevo, pasa el tiempo y estos artefactos ocupan espacio en vano en el taller. (F)

En El Padrón

Édgar Esparza también tiene 40 años de experiencia, siguió cursos de electrónica en Riobamba, ciudad de donde es nativo, sin embargo su trabajo lo ha desarrollado en Cuenca. Ingresó a la Asociación de Artesanos del Azuay y esta organización le permitió acceder a los cursos que se daba por parte de la familia Eljuri en sus empresas.
Lamenta que la asociación haya desaparecido hace unos cinco años aproximadamente, hasta entonces eran unos 40 asociados.
Si se quiere hacer dinero o vivir de este oficio hay que saber y hay que actualizarse porque caso contrario se queda al margen, yo me he especializado en el manejo de televisores led y todo lo que implica la nueva tecnología, manifestó Esparza. En el barrio, Édgar ha hecho amigos y en general la vecindad lo ha acogido de buena forma.
Para este radiotécnico, la nueva tecnología le ha obligado a incorporar en su taller nuevas herramientas. Así, tuvo que pasar del multímetro analógico a otro digital, este último es más preciso y ayuda a encontrar la falla más fácilmente porque el voltaje es exacto, asegura.
Cuenta además entre sus herramientas de trabajo con un cautín para soldar, desarmadores y otras.
Asegura que los problemas en los aparatos generalmente se dan por variaciones den los voltajes de luz, por ello sugiere siempre poner un regulador de voltaje para evitar las molestias frecuentes.
Entre las piezas que comúnmente se dañan están los circuitos de salida, los filtros, los transistores de salida, las resistencias y los diodos. En promedio toma unas cuatro horas de trabajo el arreglar un aparato.
Con la modernización bajó el negocio pero hay que seguir, es un oficio apasionante y más cuando ya se ha hecho clientela, asimismo hay gente que le gusta tener funcionando sus aparatos antiguos igual que los modernos y entonces si hay trabajo, manifestó Édgar Esparza.
En su local cuenta con un gran numero de aparatos entre radios, equipos de sonido, amplificadores y televisores que le han dejado y no han vuelto a retirarlos.
“Eso es una pérdida porque se ha invertido en los repuestos y luego no se puede recuperar ese dinero, incluso a tocado botar algunos equipos muy antiguos para los cuales ya ni hay repuestos. Pero, por supuesto que sí hay arreglo para grabadoras de cassette por ejemplo”, concluyó.(F)

Una escuela en Cuenca
La ensambladora Juan Eljuri ha sido una escuela para los radiotécnicos en Cuenca. Iván Torres por ejemplo, recuerda que se inició en esta empresa, luego recibió varios cursos en entidades estatales y posteriormente con la Asociación de Artesanos del Azuay.
También Édgar Esparza cita a la ensambladora como un espacio que le dio la oportunidad de aprender algo más, aunque en su caso se formó en principio en su natal Riobamba.
A poco tiempo de su llegada a Cuenca, instaló su taller en la calle Larga y Santa Teresita, frente al Museo de Paja Toquilla, donde permaneció 38 años y, hace dos años, se cambió a pocos metros en la calle Bajada del Padrón.(F)

DETALLE
25 y hasta 50 dólares cuesta el arreglo de un televisor mientras que el valor de la reparación de un radio va desde los 10 dólares hasta los 30 dólares, según sea el desperfecto y las piezas que se requiera cambiar.

Texto y Foros: Aída Zhingre Duque
Redacción El Mercurio