Competencia para la cestería

No solo la competencia del producto peruano es el inconveniente, sino los hábitos de algunos clientes que, en lugar de canastos hoy usan fundas de tela.

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Las hermanas Celina y María Solano compran duda, traída de Pallatanga, para tejer cestos y venderlos a intermediarios. Pagan 7,50 dólares por cada atado de duda. ACR

Productos peruanos y ecuatorianos en la Rotary

Comercio de esteras a base de totora, canastos de carrizo, adornos de duda y más artesanías

El comerciante Luis Herrera, de Perú, vende canastos de mimbre de su país en la Rotary. ACR

María Alcira Minchala, tejedora y comerciante, dice que la venta ha bajado. ACR

En la plaza Rotary, en donde se comercian diversas artesanías, los canastos, muebles, utensilios, adornos y más objetos tejidos con diferentes materiales son de origen ecuatoriano, pero cada vez crece la producción procedente de Perú.

Ayer a las 07:45, hacia la calle Vargas Machuca, estaba el puesto (en la vereda) del comerciante peruano Luis Herrera, quien a esa hora ya estaba por acabar sus ventas. Él llega más temprano, entre otros objetos, con canastos de mimbre (corteza vegetal).

Afirma que este material es de excelente calidad y dura toda la vida; por cada docena de canastos medianos pide 40 dólares y cada unidad a 3,50 dólares; y acepta el regateo.

Mientras tanto, en los puestos vecinos, comerciantes como Angelita Vásquez, de 83 años, señalan que es difícil vender una docena de canastos de carrizo hechos en Ecuador a 38 o 40 dólares, la gente no quiere pagar. Ella compra estos utensilios de artesanos de Paute y Jadán.

No solo la competencia del producto peruano es el inconveniente de Angelita y otros comerciantes de la Rotary, sino los hábitos de algunos clientes que, en lugar de canastos (que según el porte van de 2,50 a cinco dólares) hoy usan fundas de tela.

Así como esta comerciante existen otras en la Rotary que, para fortalecer sus unidades de comercio y no quebrar, además de cestería a base del tejido de mimbre, duda, paja y otros materiales, comercializan ollas de barro, mesones, lámparas y más artesanías.

En otro extremo del cantón, en la parroquia San Joaquín y sus alrededores aún existen talleres artesanales en donde mantienen el oficio de la cestería, como el de María Alcira Minchala, de 43 años, quien teje y comercia cestos de duda hace 20 años.

Confiesa que no hay mucha ganancia actualmente, pero sí les alcanza para vivir. Su trabajo, a su vez, genera otras fuentes de empleo, ella le compra al transportista que le trae la duda desde Pallatanga (dos atados a 15 dólares; y, ella lo vende a los tejedores a 7,50 dólares cada uno) y les paga a algunos tejedores por obras realizadas. Además, en su taller tiene contratada una artesana.

Minchala sabe que la Rotary está saturada, por eso vende sus productos en Quito, Loja, Guayaquil, Ambato y Huaquillas.

En cambio, a menor escala trabaja desde hace 30 años la tejedora María Solano, no tiene capital para comprar materia prima en gran cantidad, solo por atados; primero hace orear, deja secar ocho días, corta en hojas y teje diversas obras de arte. Cada adorno lo teje en hora y media, según el porte, pero ella no lo vende directo al cliente, sino a un intermediario. (AC)-(I)

DATO

1 libra de anilina (colorante para ciertos canastos) subió de ocho a 18 dólares, lamenta la tejedora María Minchala.