Jorge Chalco, 50 años contando con la pintura

Museo de Arte Moderno exhibe obra de medio siglo de trabajo por parte del pintor

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Jorge Chalco junto con Gabriela Vázquez desarrollaron una curaduría para seleccionar las obras a exponer. LCC

Jorge Chalco tenía ocho años cuando pintó un rey cabalgando en un caballo blanco, en un suelo azul. Era 1958, -hace más de 60 años-, su profesor dudó de su talento. lo hizo repetir. Cual Santo Tomás -“ver para creer”- el maestro pidió que lo dibujara en su presencia. Jorge lo hizo, mostró otros dibujos, su talento y ganó aplausos de sus compañeros.
Ese dibujo del rey no está en la memoria. Restaurado y enmarcado forma parte de la muestra antológica del artista que se abre hoy, a las 19:30 horas en el Museo de Arte Moderno, para celebrar más medio siglo en el arte de pintar, de compartir diversas obras, series y tendencias que Chalco ha planteado mediante la plástica.

Su dibujo, cuando pequeño, es como el génesis de una historia ilustrada con el lápiz sobre papel o con el pincel empapado de óleo o acrílico, sobre el lienzo, tela, lona…

Hay que ver las obras que abrieron el camino de Chalco: paisajes urbanos de Cuenca plagados de colores vivos, autorretratos y muchos, muchísimos, bocetos, incluso unos que pintó cuando estaba en la escuela de Bellas Artes. Su vida se relata con pintura. Para exponer su colección, Jorge necesitaría otro Museo de Arte Moderno.
El entonces joven artista de los años 70 fue a Quito, donde sintió la influencia de “Los cuatro mosqueteros”: Ramiro Jácome, Nelson Román, José Unda y Washington Iza, pintores que marcaban una corriente en la plástica nacional. Luego vinieron los premios nacionales logrados en salones de pintura y entre ellos el Mariano Aguilera.
Todas las salas del museo acogen a Chalco. La muesografía aplicada es diversa a lo que hizo en Quito porque esta muestra se estructura de manera cronológica y con amplios espacios entre una y otra obra, para provocar una lectura más amplia, profunda.

La identidad

La sala Luis Crespo recibe a colosos cuadros que resumen diez años de su trabajo (1978 a 1988) y aluden a su retorno de Quito a Cuenca. A su regreso descartó las influencias, llegaba con total libertad para crear, cargaba consigo ideas, bocetos y la intención de pintar rasgos, identidades, paisajes festivos de las plazas de Cuenca. Vino para quedarse y encontrarse con su gente, su entorno, ahí surgió toda una corriente, de ella se puede ver “La Fiesta de la Cruz del Vado” y “Lo real y maravilloso”.
Los afanes de creación crecieron y en una siguiente fase (1988-1990) incursionó en el abstracto. El abstraccionismo se convirtió en un impulso, una toma de fuerza para indagar, estudiar el color, la forma, hasta avanzar a algo nuevo. En ninguna de sus etapas abandonó el dibujo. “Tengo que practicar el dibujo como usted no tiene idea, todos los días lo hago”, recalca.
La vida de Chalco no ha sido fácil, con su pintura habla de dos cosas comunes en muchos ecuatorianos: migración y corrupción. Migró a Estados Unidos, trabajó como cualquiera: en una estación de servicio de gasolina, en un restaurante, como tallerista, haciendo obras para chinos; fue parte del proceso de restauración de la catedral de San Patricio, de Nueva York; pasos para llegar a las galerías norteamericanas. (BSG)-(I)

Entre las obras que se exponen están aquellas que las pintó durante su época d estudiante. LCC

Feriado bancario y Yasuní

Son dos fases muy grandes en su vida de artista. Para esta muestra, curadora y autor proponen una síntesis que enseña, con imágenes que recuerdan la debacle económica, política y social ecuatoriana. La pintura codifica el paso a la dolarización, el tortuoso momento de crisis, la pericia del maestro habla de ello a través de la figura y mucho color. Fueron seis años de retratar esos pasajes históricos.
La quietud o centrarse en una sola expresión no son cualidades de Chalco quien, cerca de terminar la primera década del nuevo milenio, propuso la serie “Imágenes profundas”. “La muerte de mi ego” es una de sus obras… etapa en la que prima el autorretrato.
Cada fase es un paso agigantado en el tiempo, espacio y acción del artista quien, con su pintura, adopta una amplia visión social. El arte lo arrastra, lo lleva a pintar situaciones como la serie “Yasuní Profundo”, retrato del ambiente de naturaleza de la Amazonía ecuatoriana.
En grandes formatos se ve la geografía multicromática, en cada trazo capta la luz del sol y cómo esos rayos dan tonalidades a plantas y flores.
Esas pinceladas naturales deslumbraron al artista, lo allí pintado resulta de un adentramiento, observación de la naturaleza y convivir por un mes en la Estación Científica Yasuní. En una entrevista con Rodrigo Villacís Molina, en el “Libro Rojo”, Chalco señala que esta serie -plasmada desde el 2012- contiene pinturas para pensar.
(BSG)-(I).