Lacerantes verdades

Hernán Abad Rodas

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En las esquinas de todas las ciudades del país, podemos observar un espectáculo nada agradable; la presencia de verdaderos semáforos humanos como: vendedores, mendigos, minusválidos, enfermos, malabaristas, hombres, mujeres o niños buscan ganarse algunas monedas para subsistir, comprar medicinas o cubrir el costo de algún vicio. Estas lacerantes verdades descalifican todo tipo de propaganda que, desde las altas esferas del poder político actual, aún pretenden hacernos creer que podríamos llegar a un vivir en un paraíso, siguiendo algunas recetas del nefasto gobierno anterior.
Personas de toda edad y condición social, durante el día o la noche, se ubican en las calles y avenidas, obligando a los conductores a llevar una cantidad de monedas para pagar “el peaje”, y no ser agredidos en algunas ocasiones por quienes, so pretexto de limpiar los parabrisas le van rayando la pintura del vehículo.
Los gobernantes de todos los países, por supuesto incluido el nuestro, deberían caminar por las rutas del hambre y los valles de la desgracia de nuestros pueblos, para que observen de cerca la pobreza, que es el infortunio del mundo, y ver que lo que llaman civilización o revolución, no es más que un espectro entre los numerosos fantasmas de un trágico desengaño.
Es necesario enfrentar con seriedad la injusticia, la desigualdad y la pobreza convertida en un problema social de grandes proporciones.
La carga que llevan nuestros hermanos por los oscuros senderos del hambre y del frío, fuera más soportable, si pudieran entender, que lo que les hace permanecer clavados en su cruz, es precisamente, la falta de conocimiento de lo que es la justicia, y la incapacidad para identificar a los falsos redentores de la política.
A la pobreza hay que combatirla con programas de inserción social y capacitación, generando empleo y oportunidades, nunca con dádivas o regalos, que lo único que hacen es eternizar en el poder a los caudillos populistas.
Son las malas decisiones políticas en el ejercicio del poder las que crean pobreza y desempleo. El gobernante sabio, frente la adversidad une y no divide, ve en la pobreza de su pueblo la boca de la justicia y el libro de la vida. (O)