Clientelismo

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Todo ciudadano común, al margen de su condición, está sujeto a una serie de obligaciones y trámites que debe gestionar ante la administración pública nacional y seccional. Lo deseable sería que los que están a caro de estos procesos lo hagan con rapidez y eficiencia. Al elaborar estos procesos deberían esforzarse en que sean lo menos complicados posible, lo que da lugar a la eficiencia administrativa. A los servidores que están a cargo de los mismos les compete apoyar a las personas facilitando al máximo su gestión en el menor tiempo para merecer este calificativo. No actuar de esta manera complicando o demorando innecesariamente los trámites, les convierte en burócratas en los que pesa más que el servicio la importancia de su ego.
Uno de los peligros de la administración pública es el denominado “clientelismo” mediante el cual se incorporan al servicio personas innecesarias, sin que cuente la real necesidad, ni la preparación y la capacidad. Las motivaciones son diferentes, como compensar el apoyo en las campañas electorales, lo que llegó a extremos lamentables cuando proliferaron los “pipones”, así denominados, porque su única tarea era realizar activismo político en favor de quienes los nombraron. A la final quien paga las consecuencias es el pueblo con cuyos impuestos se financian. Además del costo inicial, su presencia se complica ya que, sujetos como están a los beneficios laborales, despedirlos tiene un elevado costo.
Con frecuencia se ha hablado de la mayor eficiencia de la administración seccional sobre la nacional. Creemos que en nuestra municipalidad hay más personal que el necesario y que en ciertas áreas complicaciones excesivas. La generalización de la informática se espera que agilite muchos procesos, lo que hasta ahora no captamos en el sector público. A las nuevas generaciones, que desde que tuvieron uso de razón se vincularon a estas innovaciones, no le son extraños los cambios. Quien capte la Alcaldía debe tomar muy en cuenta este problema.