La memoria de Tomebamba

La exhibición al público de los elementos arqueológicos de un lugar es una forma de reconstruir el pasado y mantener viva la memoria.

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Museo Pumapungo

En su artículo “Arqueología aplicada y patrimonio: memoria y utopía”, David Barreiro (2012) nos recuerda que la arqueología implica el conocimiento de procesos sociales mediante la cultura material. En el caso de sociedades prehistóricas la cultura material es muchas veces la única posibilidad de conocer sus procesos sociales y de tener alguna memoria de las mismas.
La exhibición al público de los elementos arqueológicos de un lugar es una forma de reconstruir el pasado y mantener viva la memoria. Mostrar este patrimonio es asegurar su permanencia en el tiempo y recordar que el pasado permanece a pesar de que la historia continúa.
Los antecedentes históricos de Cuenca, de la fase inmediatamente anterior a la de su fundación española, la antigua Tomebamba se intenta reflejarla en la Sala de Arqueología del Museo y Parque Arqueológico de Pumapungo, mediante los vestigios que se conservan de la cultura material dejada en el lugar por los Incas y por muestras de culturas anteriores como las de Chobsi, Narrío, Tacalzhapa y Cashaloma que también se exhiben en la sala.
En el presente artículo nos centraremos en el pasado de Cuenca relacionado exclusivamente con la ciudad de Tomebamba.
Hay que destacar, en primer lugar, el hecho de su olvido en el periodo comprendido entre la conquista y el trabajo iniciado por Max Uhle, en 1922, tiempo durante el cual se discutió sobre el posible lugar de su ubicación. Luego fue necesario que pasaran seis décadas para que nuevamente fueran de interés los vestigios materiales de Tomebamba.
La realidad anterior muestra que lo valioso, lo que es patrimonio cambia en el tiempo. Pumapungo ha pasado por momentos de abandono (que comprenden los de mayor duración) y de cuidado (los de menor duración) viviendo los más diversos momentos posibles: su destrucción en la guerra interna entre Atahualpa y Huáscar, la declaratoria de cantera pública, su transformación en campo de cultivo, los estudios de Max Uhle en las décadas de los años 20 y su transformación en museo y parque arqueológico, en los años 80 del siglo XX, respectivamente.
El abandono de Tomebamba vista desde la perspectiva actual, que valora la conservación de la cultura material y por ello del pasado social que la hizo posible, resulta incomprensible.
Sin embargo, el perverso vaivén entre cuidado y abandono no puede ser conjurado definitivamente. Perú, un país con una mayor riqueza arqueológica que el Ecuador, en este mismo momento atraviesa por una situación desconcertante.
De acuerdo al Instituto Latinoamericano de Museos, ILAM (febrero de 2019) se han registrado 1.556 atentados contra el patrimonio precolombino entre 2009-2017 y tan sólo se han impuesto 213 sanciones en todo el país. Lo indicado muestra que pese a todo lo que se ha avanzado en valorar la cultura material de nuestras sociedades precolombinas aún no se logra cuidar dicho patrimonio. (F)

El esplendor de la cerámica

En el caso de Pumapungo su sala expone en la actualidad gran cantidad de piezas encontradas en su último proceso de exploración arqueológica liderada por Jaime Idrovo Urigüen. La apreciación de la exposición para su pleno aprovechamiento demanda de un guía o, mejor todavía, de un mediador que informe sobre las piezas expuestas para apreciarlas en todo su valor.
El amplio proceso histórico de Pumapungo, entre los siglos XV y XX, amerita una información más amplia y detallada.
De otra parte, la muestra de culturas previas a la inca se podría apreciar en otros museos de la ciudad de Cuenca que disponen de colecciones importantes sobre ellas.
Lo anterior permitiría un mayor espacio para exponer piezas encontradas en las excavaciones realizadas en el Parque Arqueológico y en suma ampliar la información sobre Pumapungo, ya que de lo que se trata es de incrementar la(s) memoria(s) sobre la ciudad, informando sobre el periodo anterior a la fundación española de Cuenca.
Precisamente la idea indicada es la que destaca Max Uhle a la hora de presentar su trabajo sobre la ciudad de Tomebamba. En el célebre informe presentado sobre el desarrollo de sus investigaciones en 1923 cuando manifiesta que: “La presencia de los restos de una ciudad antigua de la importancia de Tomebamba en la inmediata vecindad sureste de Cuenca, ofrece en sí misma un timbre de gloria para la ciudad moderna. Se prolonga con esto su historia hacia la antigüedad”.
Las piezas de cerámica se distinguen por la belleza de su decoración geométrica. Una de las sensaciones que causa es de admiración y un conjunto de preguntas acerca de cómo se logró su elaboración, a qué responde su diseño, cuál fue el uso que tuvo. Los visitantes nacionales experimentan la sensación de haber visto las raíces de su cultura.(F)

Inquietud por valores
culturales perdidos

Otro sentimiento, en este grupo de visitantes es el de indignación frente al hecho de que no se realizaron los esfuerzos necesarios para proteger los elementos de las culturas que aquí habitaron: ¿por qué no se investigó, antes de construir las instalaciones para el Colegio Borja?, ¿en el espacio ocupado por las instalaciones existían o no vestigios de Pumapungo?, ¿cómo pudo ser propiedad privada durante tantos años?, ¿cuánto conocimiento se perdió sobre campos tan diversos como cerámica, orfebrería?
Los visitantes no encuentran un mensaje específico al interior de la muestra. Sin embargo, les resulta sugerente debido a que genera muchas preguntas sobre todo en relación a la elaboración de los artefactos, adornos, uso de los metales como la plata y el oro. También llama la atención la habilidad de los hombres y mujeres que elaboraron las piezas expuestas.
De otra parte, hay que indicar que la evaluación general sobre el valor de la muestra es completamente positiva: los recursos arqueológicos son calificados como invaluables.
Concluimos retomando un comentario a propósito de la obra “Los museos arqueológicos y su museografía”, de Francisca Hernández Hernández (2010). En esta obra se plantea que un museo de arqueología es un guardián del patrimonio intangible y que la dimensión inmaterial del mismo es su objetivo más importante.
Dicha dimensión inmaterial no es otra que conservar la memoria de los grupos sociales que nos precedieron, de su forma de concebir y actuar en el mundo que en parte se ha destruido, en otra se ha transformado y una proporción menor se mantiene en nuestra forma de ser actual.(F)

Por:
Leonardo Torres León, director
Imelda Avecillas Torres, investigadora
Cristina Barzallo Neira, investigadora