Saturnales

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El cristianismo se expandió en el imperio romano logrando captar el poder con Constantino. Una serie de costumbres se incorporaron en este proceso, inclusive algunas celebraciones festivas, no en homenaje a los dioses paganos sino adaptados a nuevas circunstancias. Una de las celebraciones festivas eran las saturnales, en homenaje a Saturno. Temporalmente se suavizaban las rígidas relacione entre amos y esclavos y todos podían divertirse a sus anchas. El disfrute festivo igualitario era el objetivo. Con el cristianismo se trasladaron estas pautas de conducta a los carnavales, previos a la cuaresma. El frenesí de la diversión y su universalización es la norma que, en los países y ciudades en las que se celebra se lo hace de diversas maneras.

El disfraza es una de ellas y han alcanzado fama internacional los de Venecia y Brasil, sobre todo Río de Janeiro. No se improvisan ya que las “Scuolas de Samba” funcionan año corrido y uno de sus principales propósitos es preparar el gran desfile de carnaval en el “sambódromo”. El disfraz cambia la apariencia física de las personas y su propósito festivo se manifiesta en formas de comportamiento diferentes al normal con mayor libertad. El baile, está íntimamente asociado. Se trata temporalmente de ser diferentes y actuar de manera distinta a los condicionamientos habituales. Los festejos de carnaval pretenden ser universales y no limitarse a personas de determinado rango social.

En nuestro país la licencia para arrojar agua a otras personas sin que importa la diferencia de rango era, en un pasado cercano, permitido lo que implica una “democratización” total de las fiestas. En nuestros días se ha restringido notablemente, pero las mojadas se mantienen como parte de las fiestas entre los asistentes. Imposible una fiesta sin gastronomía. El protagonista en carnaval es el cerdo que se lo degusta informalmente acompañado de buenos tragos. Casi imposible imaginar carnavales con banquetes sofisticados formales.