Las clarisas…en un nuevo monasterio de clausura

Se llama “Puerta de la Misericordia” y está en Tamaute, Chordeleg…

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Monasterio de las Clarisas

Luego de más de un año de trámites ante la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y ante la Santa Sede, llegó por fin lo que la congregación de Hermanas Clarisas estaba esperando: la autorización para constituir un monasterio de clausura. El pasado 9 de febrero fue un día de fiesta para ellas. Su casa está ubicado en Tamaute, Chordeleg. Al monasterio lo han denominado Puerta de la Misericordia.

El decreto de constitución fue leído por el sacerdote Jorge Moreno, en la misa conmemorativa celebrada por el arzobispo de Cuenca, Marcos Pérez y varios sacerdotes del Azuay. A la celebración fueron invitados vecinos del monasterio y clarisas de todo el país.
El sueño de un nuevo monasterio surgió en el 2015 por iniciativa de la hermana Teresa Villamarín, del monasterio de clarisas de Zumbi, Zamora Chinchipe. Para llegar a este momento se trabajó mucho, pues se debía contar por lo menos con ocho religiosas y con una infraestructura adecuada, con suficientes espacios verdes para garantizar una labor dedicada esencialmente a la oración contemplativa.
“Puerta de la Misericordia” es el décimo primer monasterio regentado por las clarisas en nuestro país, en total son 164 religiosas agrupadas en esta orden.
Sor Teresa de Jesús Vega, presidenta de la Federación de Clarisas, señala que su misión es orar por el mundo que está tan materializado. ”Oramos para que Dios nos ayude a salir de esta situación, pues se evidencia una grave crisis de fe en el mundo”, comenta.
La creación de la orden se remonta 800 años atrás, fue San Francisco de Asís el fundador. Santa Clara fue la primera religiosa de la congregación de allí el nombre de “clarisas”. Sus integrantes se caracterizan por llevar una vida de claustro, donde practican la humildad, pobreza y obediencia, pero esencialmente la oración contemplativa.
El camino no fue fácil, lo comenzaron cuatro hermanas clarisas de Zumbi, pero una de ellas regresó a su monasterio porque no se acostumbró a esta nueva ciudad. Varias veces debieron iniciar todo de nuevo, muchas veces las religiosas pensaron que debían renunciar a su propósito.
Según comenta Sor Esperanza, que lleva 35 años como religiosa de claustro, para completar el número requerido, pidieron apoyo a otros monasterios. Sor Gloria fue una de las invitadas a formar el nuevo monasterio, ella confiesa que la decisión fue difícil: “fue muy duro dejar a mis hermanas”, recuerda.
Superado este desafío, debían cumplir el segundo paso, buscar el espacio adecuado para instituir el monasterio. Hubo varias ofertas pero fue Tamaute el sitio escogido. Ahora solo faltaba presentar la documentación al Papa, en el Vaticano.
Sor Esperanza dice que cuando el obispo de Cuenca les dio la buena noticia, no lo podían creer, se quedaron sin respuesta, pero cuando reaccionaron, sintieron una enorme felicidad. “Hemos dejado a nuestra familia para asumir una nueva vida de oración”, comenta.
En este nuevo monasterio de Tamute, el sonido del río se mezcla con el canto de las aves y del viento. Ocho hermanas clarisas y una novicia que se ha sumado al monasterio, transitan diariamente entre los jardines, huertos, capilla, y habitaciones para oficios y descanso. Aquí hay árboles de ciruelo, pomarrosa, arrayán, durazno, hortalizas y plantas medicinales. (F)

La comunidad

Las clarisas de votos solemnes, que han dado vida a este nuevo monasterio son Sor Gloria de Cristo Rey, Margarita del Corazón de Jesús, Susana de los Sagrados corazones, Aída de Jesús, Esperanza de Santa Clara, Teresa de Jesús, María de los Ángeles y Dalia de San Francisco.
La vida de las clarisas transcurre entre oración, meditación, misas, oficios domésticos y de sustento. Su día inicia a las cinco de la mañana, rezan la liturgia de las horas, los laudes, la corona y el ángelus; hay misas diarias, la hora de nona, el rosario y el coro.
Se reparten los oficios de la casa, el cuidado de los animales de corral y la elaboración de ornamentos para sacerdotes, como las casullas.
Para el arzobispo Marcos Pérez, este nuevo monasterio se llama “Puerta de la Misericordia” porque desde aquí se levantarán las oraciones al cielo para que Dios nos mire con amor.
Gloria Jiménez, es la directora del monasterio, ingresó al claustro en 1981, a los 27 años de edad. Dice que no se arrepiente de esta decisión. “Si volviera a nacer sería clarisa”, señala. Desde el año 2015 está encargada de este nuevo monasterio, hasta la elección de la abadesa.
“Así como el Señor llama a los jóvenes a formar una familia, así nos llama a nosotras, estamos convocadas a dar nuestra respuesta. Se trata de una renuncia porque tenemos el llamado del Señor a la vida religiosa”, comenta Sor Gloria.
La abadesa es como la mamá de las religiosas, ella es responsable del mantenimiento del monasterio, además, es quien designa los oficios, se encarga de garantizar la alimentación, salud y bienestar de las hermanas. Su elección debe darse en presencia del arzobispo de Cuenca. Serán las religiosas las que designan en voto secreto a la abadesa.
La vida religiosa es un asunto de vocación pero también de formación, que inicia con un año de aspirantado, otro como postulante y dos años más de noviciado. No todas son de claustro. En Puerta de la Misericordia, solo una religiosa es externa, es decir, puede salir del monasterio para realizar asuntos específicos.(F)

SÍMBOLOS Y EJEMPLOS

Para la comunidad de Tamaute, la presencia del monasterio es una bendición, los vecinos están contentos con su presencia. Ana Guzmán tiene 79 años, dice estar muy feliz por esta presencia. “Si no fuera por la oración, qué sería de nosotros”, se pregunta.
Las seguidoras de santa Clara de Asís, llevan la misma vestimenta, balona en el cabello y velo, señal de consagración, hábito café, sobre su cintura, del un extremo pende el síngulo, y del otro la corona de las siete alegrías, que al igual que el rosario, sirve para rezar, usan escapulario y sandalias.
Cada día las clarisas ratifican sus votos de pobreza, obediencia, castidad y clausura.(F)

Por
Leonor Peña Cueva