Ocho historias de chicas que proclaman que el futuro es femenino

La española Sara Cano es autora de un libro que, de boca en boca, llegó en estos días a publicarse hasta en Corea; experiencias cotidianas y micromachismo, dos conceptos que se tensan en una misma entrevista

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En la misma línea de "El futuro...", Sara Cano acaba de publicar en su país "Érase una vez una princesa que se salvó sola"

Si eres niña o alguna vez lo has sido, las situaciones que vas a encontrar en estas páginas te resultarán familiares. Si no lo eres, pregunta a cualquier mujer que tengas cerca y verás que no miento. Estas historias las he vivido yo y las ocho artistas que han ilustrado estos cuentos”, escribe Sara Cano en la introducción de El futuro es femenino (Nube de Tinta), el libro que cuenta desigualdades a las que se enfrentan las nenas desde que nacen y que busca dar voz a lo que ya no se puede callar. “Hoy son muchas las historias protagonizadas por mujeres -analiza Cano-, y no tantas por niñas y jóvenes”. Y esta, sin duda, fue una de las razones por la que El futuro es femenino viajó de boca en boca por distintos países en los que ya se publicó: España, México, Colombia, Perú, Argentina y, más recientemente, Corea.

Sin caer en moralejas, las ocho historias dan cuenta de situaciones cotidianas, ya sea la primera menstruación, el espacio designado a ellas en el patio del colegio, la invisibilización de la mujer en el arte, en la ciencia; el proceso de agujerearse las orejas, la infancia transexual. “Algunas son situaciones que he vivido en primera persona y otras no, pero ninguna he tenido que ir a buscarla demasiado lejos: si no me ha pasado a mí, le ha pasado a mi mejor amiga, o a mi madre, a mi tía, a la hermana de alguien que conozco”, reconoce la autora que estudió Filología árabe y se introdujo en el mundo de la literatura como traductora editorial, luego como editora y escritora. En España tiene publicada la serie La guerra de 6º A y la saga Jurásico total.

Algunos de los relatos de El futuro es femenino pueden parecer inofensivos, pero bien lejos están de serlo.

-Cuando el libro se publicó en España, hace ya casi un año, me sorprendió la cantidad de mujeres que me escribieron después de haber leído el relato de Pendientes contándome que acababan de ser madres de niñas y que agujerearles las orejas por sistema era algo que nunca se habían planteado como un acto machista, aunque indudablemente lo sea. Este libro intenta desnaturalizar y desnormalizar ese machismo que está instaurado en actos mínimos de nuestra vida cotidiana, pero que no por ello es micro, ni menor, en ningún caso.

– Hablamos de situaciones que en muchos casos llegaron a ser bautizadas como micromachismo.

-El machismo nunca es micro. El término micromachismo nunca me ha convencido. Lo que reflejan los relatos de este libro son situaciones de desigualdad que tenemos tan naturalizadas que ni siquiera las detectamos, por eso me parece particularmente interesante denunciarlas.

Las ilustraciones a doble página de Ana Santos ,Agustina Guerrero, Amaia Arrazola , Lady Desidia, Naranjalidad , Laura Agustí, Elena Pancorbo y María Hesse acompañan cada uno de los cuentos. “Trabajar con todas ellas ha sido increíblemente fácil -confiesa-. Elegí quién sería la ilustradora de cada historia, teniendo en cuenta su estilo, su trayectoria y sus intereses. Hubo algún cambio de última hora entre artistas que preferían el tema de la otra, pero la comunicación fue siempre muy fluida. He sido inmensamente afortunada de que hayan accedido a vestir mis relatos con su arte con tanta implicación y entusiasmo en el proyecto”.

La portada del libro

¿Creés que el futuro es femenino?

-Vamos bien encaminados a que el futuro sea femenino teniendo un presente cada vez más feminista, pero no me engaño: el presente sigue siendo masculino. Lo que hay es cada vez más conciencia feminista, que me parece el punto de partida básico para conseguir que el futuro sea, efectivamente, un lugar donde lo femenino no sea inferior ni denostado. Esa reivindicación de lo femenino me parece importante, porque a veces da la sensación de que el camino hacia la igualdad pasa por una masculinización de los comportamientos femeninos, es decir, que para ser igual que los hombres, tenemos que comportarnos como hombres. Personalmente, creo que es un error: creo que la igualdad se conseguirá más bien a través de la sensibilización y la feminización de los comportamientos masculinos: hombres que se permitan momentos de vulnerabilidad, de entrar en diálogo con sus sentimientos y sus emociones, de participar en los cuidados de quienes les rodean, comportamientos todos que han sido esencialmente femeninos a lo largo de la historia, pero no tienen por qué serlo.

¿Como escritora te preocupa que todo deba estar empapado de feminismo?

-Sí, me preocupa, en ocasiones da la sensación de que si eres mujer, todo tiene que leerse a través del filtro de tu género, como si debiera someterse a un análisis distinto que en el caso de la producción masculina ni siquiera se plantea. Y como mujer creadora, lo que quiero es que esta oleada de libros para educar en el feminismo caduquen cuanto antes, que se conviertan pronto en ciencia ficción. Sería el mejor síntoma de que estamos haciendo las cosas bien y de que, efectivamente, habríamos alcanzado la igualdad.

Este mes, en España Cano publicó Érase una vez una princesa que se salvó sola, nuevamente con el sello Nube de Tinta. “La princesa se cortó la trenza y tejió con ella una escalera. Se salvó sola. Y cambió el cuento -narra Cano- . Es un libro ilustrado, que repite el equipo de artistas de El futuro es femenino -apunta-. Esta vez la tapa es de vuestra paisana Agustina Guerrero (La Volátil), además sumamos artistas hombres, Aitor Saraiba y Álex de Marcos, para incluir dos cuentos sobre nuevos modelos de masculinidad y denunciar cómo el patriarcado y el machismo no afecta exclusivamente a las mujeres. Ojalá llegue pronto a Argentina y podamos cambiar el final del cuento para siempre”.

(EL PAÍS)