Guaidó acelera su desafío para lograr una “avalancha” de ayuda humanitaria

419
Foto: Cortesía

CARACAS.- Venezuela vive la cuenta regresiva de cara a la “avalancha humanitaria” del 23-F entre campamentos humanitarios, despliegue de voluntarios y las amenazas del chavismo. Cinco días para que la “cosa”, como la llaman, se desparrame por todo el país. Esa es al menos la esperanza de la gente, pese a que el gobierno insiste en que se trata de un show y que ellos no son mendigos de nadie.

No lo piensan así los centenares de personas atendidas ayer en los campamentos humanitarios desplegados con el esfuerzo de organizaciones civiles tras la orden impartida por Juan Guaidó, presidente encargado. “La ayuda humanitaria revive la esperanza de las personas que padecen distintas enfermedades”, recordó el diputado Freddy Superlano desde el emplazamiento provisional puesto en marcha en Barinas.

Así lo entendieron también en Macarao, antiguo bastión chavista en Caracas. “Yo tengo angina de pecho y no consigo mi tratamiento. Vine a ver si hay medicinas. Además, tengo un fuerte dolor de estómago. No consigo nada en ningún lado, y cuando lo consigo no lo puedo pagar. El dinero de mi pensión se me va en comprar comida”, confesó ayer María Lorca, de 79 años, una de las atendidas a primera hora de la mañana. Llegó con un collarín y con las cajas vacías de todos los medicamentos que necesita.

Enfermos y voluntarios se mezclaron en una jornada “para atender a los ciudadanos más vulnerables”, como recordó el presidente de la Asamblea Nacional. Para introducir y repartir la ayuda, más de 600.000 voluntarios, hasta ahora, están dispuestos a cumplir sus órdenes y “hacer lo necesario para que ingrese” a Venezuela, pese a que el gobierno suma un “ladrillo” tras otro a su muro revolucionario. El penúltimo está protagonizado por el proveedor estatal de internet (Cantv), que bloqueó la plataforma web de registro de los voluntarios.

Desde que comenzó, el 5 de enero, el desafío del Parlamento contra la revolución, Cantv se ha mostrado más activo que nunca, con sus bloqueos a YouTube coincidiendo con los discursos de Guaidó (censurados en radio y televisión). Y no es el único: también Wikipedia, Instagram, Twitter y Facebook, además de los servicios VPN de Tunnelbear y Windscribe. Una sofisticación para la censura con el peor ancho de banda del continente, otra paradoja revolucionaria.

La beligerancia virtual solo es comparable a los discursos bélicos camuflados con mensajes de paz. El último lo protagonizó ayer Pedro Carreño, militar retirado y mano derecha de Diosdado Cabello, numero dos del chavismo, que reveló que la revolución cuenta con 8000 francotiradores, dispuestos como el pueblo a “ofrendar su vida para que no se soslaye la soberanía de la patria”. Cada uno de los 8000 especialistas dispondría de un fusil Dragunov, “a los que tienen miedo la OTAN y el gobierno norteamericano. Cada proyectil es un enemigo abatido? Que entren para que vean de lo que somos capaces”, concluyó el delegado de la Asamblea Constituyente.

Las arengas oficiales se multiplican a través de la inmensa maquinaria propagandística, aceitada con fake news que también sirven para lanzarlos como un búmeran contra periodistas y luchadores sociales. “En los últimos seis años he hecho más de 400 llamados al diálogo y lo he hecho siempre por amor a la patria”, aseguró ayer Nicolás Maduro a través de sus redes sociales.

“Maduro está en el cuadrante de perder-perder por sus propios errores: pierde si impide la entrada de la ayuda humanitaria, lo cual solo puede hacer violentamente, y pierde si permite que entre. Su dilema es ser aún más cruel o ser derrotado. Ambos resultados lo debilitan”, diagnosticó el politólogo Ángel Álvarez, que no obstante añade que esto no significa que el “hijo de Chávez” vaya a caer derrotado irreversiblemente.

De momento, quedan cinco días para el próximo desafío: el ingreso de los convoyes de ayuda. Guaidó también ha convocado movilizaciones por todo el país y no solo por los pasos fronterizos. Para la jornada previa se prepara un megaconcierto de apoyo en Cúcuta, organizado por el magnate británico Richard Branson, que ya cuenta en su nómina con figuras internacionales dispuestas a que su voz sea escuchada al otro lado del “muro” levantado por el chavismo.

Un muro que amaneció decorado por los guardias que custodian los convoyes y trailers dispuestos en el rebautizado Puente de la Unidad, entre la venezolana Ureña y la colombiana Cúcuta. Los militares se subieron a los contenedores y dibujaron su mensaje para el mundo por orden de sus oficiales: “Queremos paz”.

(LA NACIÓN)