Temblores y campaña

Eliécer Cárdenas E.

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Coincidió una serie de movimientos sísmicos en el país, con el inicio oficial de la campaña electoral para designar, mediante el sufragio popular a nuevos alcaldes, prefectos, concejales y presidentes de juntas parroquiales, en los centenares y miles de territorios autónomos ecuatorianos.
Posiblemente, los temblores anunciaron una campaña trepidante, de más de 6 grados en la escala del Ritcher Político, por la sencilla razón de que los aspirantes a las diversas funciones suman varios miles de ciudadanos llenos de ansia y pasión por servir a sus provincias, cantones y parroquias (según ellos, lógicamente). Algunos analistas políticos se rompen la cabeza intentando descifrar el fenómeno de que, por ejemplo, en un cantón de 1.300 habitantes existan cientos de candidatos a las diversas dignidades.
La respuesta sería bastante prosaica, a nuestro entender, y es que desde hace algunas décadas los concejales y presidentes de juntas parroquiales, dejaron de ser aquellos ciudadanos sobre los cuales recaía la responsabilidad cívica de servir a sus comunidades sin otro premio que el esfuerzo. Ahora, los concejales son una especie de funcionarios que, con las excepciones del caso, reciben jugosas remuneraciones para dedicarse a boicotear las labores municipales, y ofrecer de cuando en cuando declaraciones tremebundas a la prensa, con el secreto propósito de a su vez convertirse en los futuros candidatos a alcaldes.
Las juntas parroquiales sufren un mal parecido, ya que los personeros de antes, que eran voluntarios servidores de sus pueblos, hoy con las excepciones del caso, son personajes remunerados que a veces entran en peleas interminables con sus pobres parroquias, y como dice el bolero, “y así pasan los años, y el pueblo desesperado que sigue preguntando, hasta cuándo, hasta cuándo”. Los temblores por lo tanto anunciaron los movimientos de los miles y los miles de candidatos en pos de sus triunfos.
En cuanto a los movimientos sísmicos, aunque los últimos fueron relativamente fuertes, no causaron mayores daños en viviendas o edificios. En cambio, es de temer que los “movimientos sísmicos” de la campaña electoral, dejen en el camino varias víctimas, como candidatos afónicos, y otros con los bolsillos vacíos por los gastos ocasionados en las candidaturas.(O)