Lo político vs. lo legal

Juan F. Castanier Muñoz

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Hace unos años escuche a un conocido personaje que, refiriéndose a algún problema nacional, expresaba que la situación ameritaba no una solución jurídica sino una solución política. Dados los méritos académicos y la valía moral del personaje en referencia, su pronunciamiento me puso a pensar, ¿Por qué una decisión política sobre determinado tema tiene que ser diferente de una decisión jurídica?, ¿no es que acaso todas las decisiones que tienen que ver con la vida del Estado, tienen que estar estrictamente apegadas a la constitución y las leyes? y, peor aún, ¿cómo puede una decisión, calificada como “política”, contraponerse al ordenamiento jurídico del Estado?
Y el tema se actualiza estos días con ocasión de la destitución de una asambleísta, por parte del pleno de la Asamblea Nacional, por motivo de haber incurrido en la falta de tramitar un cargo público, según la acusación del asambleísta denunciante. La tramitación de un cargo público por parte de un diputado se encuentra prohibida por la constitución desde la Constituyente de 1998 y debe ser, seguramente, una de las disposiciones más violadas por los legisladores e inclusive, parte importante de las “negociaciones”, cuando el gobierno quiere comprar a un diputado para que “se pase” a su lado. Cuántos diputados en este país han manejado cargos públicos a su antojo, con la “venia” del gobierno y de su entorno político, antes, durante y después de la década bailada, y nadie los destituyo porque, a lo mejor, no convenía a los intereses políticos de tal o cual grupo, o, simplemente, porque no habían los votos suficientes como para emprender en una posible destitución. Esa es la pura y neta verdad. La plena, como se dice en el argot popular.
No es mi afán defender a la asambleísta destituida, ni meterme en detalles sobre su enjuiciamiento, pero es indudable que, más que razonamientos jurídicos, o argumentos legales, los asambleístas que votaron a favor de su destitución, en su gran mayoría, lo hicieron por razones políticas, y más precisamente en esta época, por motivos electoreros. Las posiciones justas aún siguen en pañales. (O)