La retama

Eduardo Sánchez Sánchez

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Este nombre deriva del árabe andaluz “Ratama”, llega al castellano y relata a plantas genísteas, como R monosperma, sphaerocarpa, Raetam y especies de los géneros Cytisus, Genista y Spartium. Son plantas leguminosas (producen semillas al interior de vainas) originarias del norte de África y de la Península Ibérica. Son arbustos de tallos delgados y pequeñas hojas, cultivo seco y la mayoría produce flores amarillas, pocas blancas, naranjas, rojas, rosadas o moradas. La retama amarilla o Sphaerocarpa se empleó para tratar problemas respiratorios y como diurética.
El poema fue escrito con afecto al terruño y se creyó que habían estado desde siempre en nuestros Andes, se describió su bella estética y perfume sin par, y hace pocos años se inició un proceso de desaparición del áureo vestido que ornamentaba las campiñas, inspiraba a cantantes y poetas y enamoraba a los bucólicos. Vale destacar que éste 2019, se inició con una recuperación de las retamas, nacionalizadas desde mucho tiempo atrás, que han doblegado a la plaga de pulgones (áfidos), brindando ese encanto característico en los alrededores de campos y jardines, colinas y montañas, riscos y pendientes, y muchos lugares deteriorados por causas antrópicas, con una dorada estación de sus flores encantadas de color bandera morlaca y perfume de boyeras estancias.
En nuestro entorno se utilizaron también para la fabricación de escobas que limpiaron la ciudad, así como de forraje para los famosos y populares cuyes (del Quichua quwi), nombre onomatopéyico asignado a esta especie. “Cavia porcellus”.
Retama del altar de la Deidad, del poeta y de sus versos, de la madre y de la tumba con mil recuerdos y nostalgias, áurea vestimenta de nuestras colinas y valles, de los riscos y cañones, con perfume de morlaquía identitaria. (O)