Amigo

Catalina Sojos

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Más allá del marketing del desprestigiado día del amor y la amistad, la reflexión se impone. En este caso nos referimos únicamente a ese sentimiento de amor filial que cubre y rodea a dos o más personas. Esa amistad que se va forjando con los años y es distinta y única en particular. La decisión de ser amigos parte desde la madurez y el reflejo del otro en uno mismo; es decir, nuestro amigo, posee ese pedazo que nos falta. Así las cosas, entendemos que es diferente la relación entre un hombre y una mujer, así como la empatía. Una amiga es la cómplice y encubridora de nuestras verdades y se enreda en nuestra cabeza con los pensamientos y valores que, no necesariamente, son los mismos. Ser amigos es decidir reintentar el camino todos los días; a diferencia del amor, la amistad se construye desde la prudencia y el respeto. Ser amigo, sin acudir a las redes sociales, sino bajo la sombra de lo íntimo y de la solidaridad por sobre todo. Entre amigos no existe el arrepentimiento, sólo la mirada cómplice, el perdón en un gesto. Simple y compleja, la amistad es una bienaventuranza porque refleja nuestra condición espiritual. El amigo es la morada de nuestro corazón. (O)