Casimiro Torres: Yo puedo faltar a misa menos al basketball

A sus 80 años es uno de los jugadores emblemáticos del Campeonato Intercolegial de Exalumnos

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Casimiro Torres: He quedado admirado el trabajo de hormiga que está haciendo Xavier Díaz (Intercolegial de Exalumnos). Reunir a 60 equipos es algo plausible. Es una verdadera fiesta sin hacer gastos inmensos. Es un llamado a Fedeazuay a seguir su ejemplo. LCC

Casimiro Torres es sinónimo de baloncesto azuayo y sobre todo de Benigno Malo. A sus 80 años aún viste de corto. Es uno de los jugadores emblemáticos del Campeonato Intercolegial de Exalumnos organizado por Xavier Díaz. Su familia es su mayor tesoro. De su infancia prefiere no hablar.

“Mi niñez fe bastante triste, sin orientación, sin brújula… A veces me he puesto a pensar, qué sería de mí si el colegio (Benigno Malo) no me hubiese abierto las puertas. Talvez sería una persona antisocial, un ladrón… pero también Dios nunca me defraudó y no quiero pecar de orgulloso pero siempre me ayudó el Todopoderoso y por eso tengo ganas de seguir viviendo”.

En 1955 Técnico Salesiano era un colegio artesanal. Casimiro pasó cinco años en calidad de interno. Se especializaba en sastrería y era un destacado deportista. Recuerda que en una final intercolegial ganaban 33-14 a Benigno Malo. El partido no terminó. La barra blanquinegra invadió la cancha y pese a que intervino la Caballería Montada no pudieron salir hasta las 02:00 de la escuela de los Hermanos Cristianos (Febres Cordero).

Cuando acudió a matricularse en el último año, el rector salesiano les mandó a buscar otro colegio porque no podían pagar a diez profesores para siete estudiantes. Casimiro buscó matrícula en el Benigno y el rector no pensó dos veces en dársela. Terminó graduándose en el Bachillerato de Humanidades Modernas.

Castigo divino

El amor de Casimiro hacia el baloncesto empezó con una especie de castigo del rector del Técnico Salesiano de aquella época. Tenía que lanzar 200 veces en el aro para recibir el almuerzo. Eso le sirvió para ser uno de los basquetbolistas azuayos más técnicos e infalible en los lanzamientos de larga distancia. Por esas características, hasta hoy lleva el apelativo de “Mano de Oro”.

En la década de los 60 integró la Liga Deportiva Estudiantil junto con Raúl Ortega, Mario Ortega, Jorge Harris, Pedro Vintimilla, Alfredo Campos, Enrique Serrano. Viajaban por diferentes lugares del país con todos los gastos pagados.

En representación del Azuay fueron vicecampeones en el Nacional de Portoviejo en 1961. Recuerda que anotó algunos aros y que “los locutores de la CRE decían: no ha sido tan Casi-miro, ha sido un buen encestador”.

Su camino en la docencia empezó de manera anecdótica. En 1964 le invitaron a trabajar en el Benigno Malo como recaudador de dádivas que iban a dar exalumnos para festejar los 100 años de fundación. Fue de casa en casa y ante el asombro de todos recaudó 13.000 sucres. Al poco tiempo recibió el nombramiento de amanuense antes de ser docente de aula y profesor de Educación Física.

Como retribución al Colegio que no permitió que tome un camino equivocado en su juventud, Casimiro entrenó a las selecciones de baloncesto “sin cobrar un solo centavo por el lapso de 20 años. Nadie me puede desmentir”.

Sus registros estadísticos indican que alrededor de 30.000 estudiantes fueron sus alumnos. Trabajó 46 años en el Benigno Malo, 32 en la Universidad de Cuenca, 20 en las Salesianas. También estuvo vinculado con las selecciones provinciales de Azuay y Cañar. Cuando le salió la jubilación y para adaptarse a su nueva condición, tuvo el permiso de los rectores del Benigno y de la Estatal para trabajar un año gratis.

Como entrenador siempre le caracterizó la disciplina. Cuenta que un día su esposa se enojó con él porque le sacó a su hijo Patricio de la selección del Colegio por llegar atrasado al entrenamiento.

Si algo extraña de aquellas épocas es el desinterés de los jugadores por la parte económica. Hoy no solo palpa una “desidia” de los jóvenes por practicar deporte sino un descuido de los entes deportivos por el baloncesto.

Casimiro Torres junto con su esposa Carmela Chérrez Tamayo. “Ella es mi sostén, mi vida. No sé que sería de mi sin ella. En su regazo he derramado lágrimas más que estrellas tiene la noche”.

Rutina diaria

En la actualidad disfruta al máximo su jubilación en compañía de su esposa Carmela Chérrez y de sus hijos Míriam, Ximena, Mónica y Patricio quienes se hicieron cargo de la Casa Deportiva American Sport que fundaron hace 35 años.

Gusta escuchar las canciones de José Luis Perales y hasta empezó a desayunar. “No va a creer pero en los 46 años que trabajé en el Benigno Malo jamás desayuné”. En su dieta prioriza hortalizas, carne blanca, granos y el yogur.

Para mantenerse en buena condición física y evitar el mal carácter trata de ser disciplinado con un cronograma preestablecido que empieza a las 05:00. Los lunes y jueves hace ejercicios en casa; los martes y viernes, natación en Baños; los miércoles sale a trotar y aprovecha los gimnasios públicos; los sábados juega baloncesto en la cancha que está detrás del Monte Sinaí. El domingo “descanso como nuestro Señor Jesucristo”.

Entre tantas historias, anécdotas, alegrías y tristezas, si algo tiene claro Casimiro es que “puedo faltar a misa menos al basketball”. (BST)-(D)